Fotograma de El árbol de la vida

Fotograma de El árbol de la vida

Cuando mi mujer y yo salimos de ver El árbol de la vida, una estupenda película que disfrutamos entre lamentos y suspiros, comentamos en broma que deberían poner una advertencia para despistados, porque la película no es nada convencional. Lo que no sabíamos es que debido a las quejas de espectadores, esto ya lo habían hecho en Estados Unidos. En la semana de su estreno fue número uno en España, pero sorprendió a muchos espectadores que no esperaban algo así.

Con lo cara que cuesta una entrada es bueno informarse antes. Recuerdo que cuando vimos De dioses y hombres, un par de parejas fastidiaron los 10 primeros minutos -hasta que se salieron- con comentarios como: “¿esto no irá todo el rato de curas?” Mientras intentaba concentrarme en la pantalla, pensaba en cómo era posible que tras haber visto en el cartel a 6 ó 7 monjes, no hubiesen caído en la cuenta de que iba precisamente de eso, de “curas”.

Volviendo a la película de Malick, los pocos espectadores que había en la sala a la que asistimos, creo que no sabían a lo que se enfrentaban. Dos señoras que teníamos detrás fueron narrando “voz en off” las maravillosas secuencias -originalmente sin narración- sobre el origen del mundo. Los espectadores de la fila de delante no dejaban de entrar y salir de la sala. En el lateral izquierdo estaban aparentemente más tranquilos. Ya para el final, el alboroto creciente del escaso público hizo peligrar la proyección. Lamentos delante y en el lateral, comentarios del tipo “ahora sólo falta que salga San Pedro” y un silencio incómodo en las señoras de la fila de atrás, para acabar todos con cara de circunstancias.

Es evidente que no estamos acostumbrados a películas de este tipo; ni por su estructura, ni por su contenido profundamente cristiano. Un ejemplo claro es que un cine italiano proyectó la cinta durante una semana con los dos primeros rollos cambiados. A pesar de que la película inicia con los logotipos de la producción, el público simplemente pensó mal del bueno de Malick. Hay que destacar que aunque El árbol de la vida es difícil, todo en su desarrollo tiene sentido. Personalmente, me parece profundamente hermosa, diferente a todo lo que había visto antes y uno de los mayores cantos a Dios y a su creación que se han hecho desde el séptimo arte. Exige un esfuerzo por parte del espectador, ya que no se trata de uno de esos “peliculones” de los que nadie se queja tipo Scream 4 -por decir uno que he visto recientemente-, en el que la quimera consiste en saber quién es el próximo en morir y quién es el malo. Esto es cine auténtico, con contenido… aunque el otro es más tranquilo, se puede ver sin quejas, sin “voz en off”, sin curas y sin que salga San Pedro.