Jesús orando

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

¿Y esta humanidad?, ¿cómo es que es arrastrada mucho más por el mal que por el bien?, ¿no puso mi Padre amor y grandeza en su espíritu?

Dime Padre ¡Porqué creaste a Lucifer! Sabes que como humano te hablo y les entiendo…

– Hijo mío, el mal y el bien suponen la libre elección del hombre; sin este privilegio, nacer carecería de sentido. ¿Para qué crear al hombre?, ¿para qué el amor o la vida eterna? Les creé para compartir mi AMOR (contrario al odio) y mi grandeza en la eternidad.

En Ti he bajado a la tierra para perdonar la maldad y enseñarles el camino hacia LA VIDA con mi fuerza y mi presencia: ¡Tú! Han perdido la esencia de mi Ser y quiero a todos conmigo por siempre…

Ya, si te entiendo ¡¡¡Cómo no lo voy a entender!!!

– Padeceremos los males del mundo como Padre y como Hijo. Será terrible sentir mi sufrimiento en Ti, más siendo solo UNO, les salvaremos. Hijo, les amo infinito…

Lo voy a pasar fatal, es verdad, pero Yo más que un Hombre, sé que soy tu deseo de amor para llevármelos contigo.

Te doy las gracias por enviarme a ese planeta azul. ¡Ahora entiendo el valor de nacer, la ilusión, la voluntad, el trabajo, el dolor, la desesperación, los niños, la naturaleza, la amistad! Fue grandioso haber nacido.

– No te desvíes del tema Jesús, que lo importante está por venir. Pero tienes razón, cada alma pensada que pongo en la tierra es para darle mi gloria aquí.

Anda, ve por la Cruz de madera que han construido con sus males para Ti y límpiales. Cada molécula de esa Cruz lleva un nombre inscrito desde que el mundo es mundo; ahí está la razón de su existencia.

Ya, ya voy… El mal pesa lo que no está escrito, Padre, ¡¡¡ufff con el ángel caído, qué mala fe tiene!!! A mí me ha tentado tres veces: “Que si comidita en el desierto, que si reinos, que si me tiro del alero y no me caigo…” ¡Pufff, qué bicho!

Ya, ya voy… Oraré, dudaré, lloraré, me dejarán sólo, me venderán, me escupirán, me clavarán, les perdonaré y moriré en tus brazos para unirme a Ti al tercer día y contigo, abrirles el cielo; sí, es el mejor plan, pues mi dolor será el refugio del suyo.

– ¡Hala Hijo! No te demores más. Estoy contigo como estaré con ellos en el sufrimiento. Te espero, soy Dios en Ti; les espero, pertenecen a mi Cuerpo.

Y Jesús lloró en Getsemaní lágrimas de sangre como la humanidad llora la sangre derramada en el asfalto.