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Fotografía: Javi Masa (Creative Commons)

Al despertar cada mañana todos podemos oír internamente la voz de la verdad que simplemente dice “Soy”, el sentir de la existencia, algo real e innegable para cualquier criatura, pero inmediatamente la mente humana hace que uno empiece a pensarse a sí mismo y añada otras cosas, soy alto, soy bajo, soy feliz, soy desgraciado, soy alguien muy ocupado y tengo prisa, etc…

En inglés la expresión “I am”, tiene su raíz etimológica en la palabra sanscrita Aham cuyo significado en ambas lenguas es “Yo soy”. Tanto en el Reino Unido como en la India, hay una tradición que dice que ésta es la primera palabra que los recién nacidos intentan pronunciar, I am o Aham, que nuestras abuelas en España traducían por “ajo, ajo”.

Hay quien dice que ésta sería una palabra del idioma común universal del que se habla en el pasaje de la Torre de Babel en el Antiguo Testamento.

Lo curioso es que al ego, en el lenguaje sanscrito se le denomina Ahamkara, que significa “Yo soy alguna cosa”, por ejemplo alto, bajo, feliz, desgraciado, ocupado, etc., etc.

El ego no es más que un proceso mental donde la mente trata de percibirte tal como te dice que debes ser, en función de los juicios que ha hecho de ti mismo, en vez de como realmente eres. Soy guapo, soy feo, soy un enfermo, soy serio, soy simpático, etc., un sinfín de apelativos falsos asociados a la verdad “soy”, por eso el diablo dice que se llama “Legión”.

Y aquí no acaba el cuento, ya que los demás son seres como tú donde ves reflejadas virtudes y faltas que antes has tenido que ver en ti (por eso las reconoces) y los juzgas e inventas un ego para ellos, un ego que tú no querrías ser, otra legión de falsas identidades: es alto, es bajo, es tonto, es listo, etc.

A veces en tu mente interactúan ambos egos inventados, por ejemplo:

Yo que soy bueno, le voy ha decir al otro que es malo, ¿Por qué has hecho esto?, entonces el otro que es insolente me va a contestar, “porque me da la gana” y yo que soy listo le diré ¿ah sí?, pues entonces yo voy a hacer esto otro para que te fastidies, y él que es así, me contestará… …etc.

Esto es lo que yo llamo charlar con el diablo.

Finalmente siempre suele ocurrir otra cosa diferente a la que has pensado, pero si esta conversación se diera en realidad entre dos personas, igualmente sigue siendo charlar con el diablo.

Y así se nos pasa la vida escuchando tertulias de diablos juzgando todo el tiempo lo que es adecuado e inadecuado, lo que es bueno, lo que es malo, lo que soy yo, lo que es el otro, lo que es el mundo y hasta lo que es Dios mismo. Sin embargo, sólo podrás conocerte a ti mismo como realmente eres y a Dios como realmente es, ya que todo lo demás es mentira.

Seguiremos viviendo en la mentira mientras no sepamos lo que realmente somos y lo que realmente es Dios. Esto durará mientras sigamos escuchando la charla del diablo.

Mientras el hombre siga escuchando las mentiras de los diablos, seguirá fuera del Paraíso y esto es conocido desde el principio de la humanidad, dicen que la famosa frase “conócete a ti mismo” ya estaba escrita en el Templo de Apolo en el oráculo de Delfos.

Y sin embargo seguimos montando guardia en torno a “nuestras ideas”, para que no cambien pensando que así estaremos en paz, cuando deberíamos dejarlas marchar o ponerlas en manos de Dios para que las corrija a través del Espíritu Santo y así alcanzar la verdadera paz.

La mente tiene el poder de hacernos creer que somos algo distinto de lo que realmente somos, incluso hace parecer que nuestra verdadera naturaleza es cambiante y diferente a la que realmente es.

Todo es debido al proceso mental llamado ego, originado en la incesante actividad de la mente, por el cual se identifica nuestro ser con una porción limitada y transitoria de ideas y pensamientos que bullen en ella.

Pero el ego no es algo constante. Por tratarse de un proceso: se pone en marcha en un momento dado, se para un tiempo después e, inmediatamente, se inicia otro en paralelo,… De este modo, el ego da la impresión de ser algo constante. De hecho, mientras uno de estos procesos dura se comporta como si fuera la personalidad permanente e inmutable del ser humano, pero se trata tan solo de algo transitorio y falso.

La mente puede hacerte creer que eres cualquier cosa separada de Dios y tus hermanos, y esta creencia es debida a la “charla del diablo”. Esta charla genera una idea poderosa y destructiva que se llama ego y está en clara oposición a Dios debido a que principalmente niega Su Paternidad, cimentándose en la mentira.

Por la mente puede pasar cualquier tipo de pensamiento bueno o malo, pero no es obligatorio apropiárselo. Se puede ver en ella cualquier cosa que haga a uno sentirse terriblemente culpable o santo, inducirte a la depresión o la euforia, pero en realidad no ha ocurrido nada, ni podrá ocurrir nada en el bendito presente donde acontece la vida sostenida a cada instante por la mirada de Dios.

El alma o el verdadero Ser nunca ha dejado de estar en paz, a pesar de que la mente esté en conflicto. Desde atrás mira el ojo de Dios que todo lo ve, incluido el proceso mental con sus pensamientos inconfesables y te está llamando desde el silencio. Sólo se trata de no hacer caso a la “charla del diablo”, para eso está la oración y las escrituras sagradas, para oír la verdad en lugar de la mentira, para el recogimiento del alma, para llevarte a ese lugar junto con Dios, para retornar al paraíso del que un día decidimos irnos por escuchar a la serpiente, sinuosa y astuta como la misma mente, por escuchar la infame “charla del Diablo”.