Rosario

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

Uno de los modos de oración diaria más sencillo y más completo es el Santo Rosario. A priori, puede parecernos algo totalmente repetitivo y fatigoso, pero nada más lejos de la realidad. El Rosario consta de 15 pasajes evangélicos más otros 5 que incorporó Juan Pablo II. Por grupos de 5 tenemos los gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos. Cada grupo de ellos se corresponde con los días respectivos de la semana.

Su rezo diario es más bonito de lo que nos puede parecer. Tras anunciar el misterio que acompañará nuestra oración, rezaremos el Padre Nuestro y diez Avemarías, (cada día son 5 misterios, con lo que rezamos 5 Padrenuestros y 50 Avemarías), lo que tenemos que hacer es, mientras rezamos estas sencillas oraciones, pensar en el misterio que nos ocupa; por ejemplo, en los dolorosos, pensar durante el primer misterio en lo angustioso que tuvo que pasarlo Jesús en la oración en el huerto y estar ahí, acompañándole mientras recordamos ese momento de su vida y así con cada uno de lo misterios que le siguen.

También tenemos días para gozar con el rezo del Rosario, como por ejemplo con los misterios gozosos (la encarnación del Señor, su nacimiento, su bautismo en aguas del Jordán…). Lo que debemos hacer es ESTAR y ACOMPAÑAR a la Virgen María y a Jesús en el recuerdo de los momentos más trascendentales de la vida de un cristiano.

Un buen método que, tal y como lo conocemos hoy en día, (salvo los 5 misterios luminosos, que fueron incorporados en el 2002), tiene su origen en siglo XV, y que podemos rezar en multitud de situaciones: en casa, por calle, yendo al trabajo o dando un paseo. No perdamos esta oportunidad de avanzar un poquito en nuestra oración. Subamos cada día por la escalera que nos acerca un poquito más a Dios.