Papa Francisco y Kirill

Fotografías: Catholic Church England and Wales y Serge Serebro (Creative Commons)

Hace unos días los medios de comunicación se hacían eco en las noticias del encuentro del papa Francisco con el patriarca ortodoxo Kirill. Un hecho sin precedentes, pero no por ello poco deseado. No menos curioso ha sido el lugar donde se ha dado la cita: una sala de reuniones del aeropuerto José Martí en La Habana. Cuba ha sido para este hecho, un territorio neutral muy oportuno, con un perfecto ajuste en las agendas de los dos líderes religiosos. Y no es porque Europa sea pequeña, sino porque, según el patriarca ruso, está todavía muy impregnada de la separación y los conflictos entre cristianos.

Durante estos últimos años han sido varias las muestras que ambas iglesias han ido dando, con actitudes de acercamiento; valorando los gestos que la una ha hecho por la otra. Ese “¡Finalmente!” de Francisco cuando ha visto al líder ortodoxo, parece abrir un poco más la puerta al compromiso y la unidad de las dos iglesias.

El tema central del encuentro ha sido la persecución de los cristianos en Oriente Próximo y en África. Los dos han llegado a la conclusión de que católicos ortodoxos y romanos tenemos que cooperar en la defensa del cristianismo por encima de nuestras diferencias. Y no es un asunto baladí, sino más bien urgente, pidiendo también a la comunidad internacional que se implique en la defensa de los derechos e integridad de tantas personas.

Tenemos que sentirnos orgullosos de las palabras de los dos grandes que se han reunido con intención de acercar posturas y superar diferencias: “Somos hermanos y tenemos que llevarnos bien” le ha dicho Francisco a Kirill suponiendo que habrá un esfuerzo por aunar voluntades. Por su parte, el patriarca ruso ha descrito que este encuentro le ha servido para “entender y sentir la posición del otro”; una empatía necesaria para cooperar en la defensa de tantos cristianos. No hay que escandalizarse por pensar que una cercanía implicaría cambios sustanciales en nuestras tradiciones, costumbres y ritos. Sería más bien, según los implicados en este acercamiento, unión de la fe, más que de la burocracia. Lo que está claro es que este abrazo histórico entre 1.200 millones de católicos romanos y 300 millones de ortodoxos ha representado la unión entre las dos grandes iglesias en que se divide el catolicismo. Un gesto muy esperanzador.