Puesta de sol desde un avión

Fotografía: Roozbeh Rokni (Creative Commons)

Yo era azafata de altos vuelos, yo surcaba los cielos de nuestro mundo… Mordía mi cruz cristiana colgada al cuello cuando las cosas se ponían difíciles y rezaba, pero nunca me di cuenta de lo grande que era Dios, que me dejaba volar por sus territorios inventados. No, nunca lo pensé.

¡Qué curioso! Desde arriba los ojos se emborrachaban de tanta inmensidad. Volar por encima de las nubes con los rayos del sol en el fuselaje… Pero nunca lo pensé.

El arco iris en forma de aro sobre el algodón del cielo, parecía como si el avión pudiera atravesar ese círculo al que nunca llegabas… Pero nunca lo pensé.

Hasta que un día, después de muchos años, mi vida cambió por completo y pisé la tierra que Él me había puesto para que la anduviera. Sí, ya no era aquella mujer especial, me había quedado sin las pinturas de Dios, sin consuelo, sin monedas, sin privilegios y pensé en todo lo que Él había hecho y, entonces le llamé:

– Mira Dios, ¿te acuerdas de cuando volaba?, pues ya ni flores en ningún sentido. Mi fuerza se la llevaron, mi compañía, mi sonrisa, mi confianza, mi alimento… Pero ¿sabes?, te tengo más cerca que nunca, más cerca que cuando sonreía y me compraba jarrones de china pensando en “las vacas flacas”. Y, ¿sabes qué?, que cuando llegaron tan flacuchas, nada me sirvió excepto Tú. Pensé en aquel arco iris y te comprendí.

¡Pues anda que no has estado espesa “jamía”! Has tenido que sufrir un montón para entender. Pero te recuerdo que hay millones de personas con penas mucho más graves que las tuyas: Sin esperanza, sin fe, en dolorosa soledad, sin salud, sin libertad, sin saber por quien ofrecer la angustia… ¿Te falta a ti todo esto?

– “Pos” noo, ¡qué quieres que te diga!

¡Pues ya te vale, ALMA DE CÁNTARO!

Pero sé que te falta una cosa importante que te daré: Unas monedas a cambio de amor y entrega en la tierra donde te puse. Yo seré esa persona a la que cuidarás. Ayúdale en su angustiosa vejez y ganas de dejar este mundo; ayúdale a sonreír y yo me reiré contigo…

– ¡¡¡Jolín Dios, me has entregado el mejor trabajo del mundo en el peor momento de mi tristeza!!! Ni vuelos, ni jarrones, ni historias…

Me acuerdo de aquello que me dijiste un día: “Pide y te daré”. Aunque sé que tu voluntad de darme, nunca me llevará donde tu Gracia no me resguarde.

PD: ¡Casi se me cae en la bañera!, pero Tú la sujetaste.

Gracias de corazón por todo.