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Anunciación (Zurbarán)

No era la primera vez que un ángel “se acercaba” a María. Sucedió en la fuente de Nazaret (aún existe) no muy lejos de su casa, donde María oyó una voz que le saludaba… ¡Pobre hija! Con el susto encima se fue a su casa sin comprender… Y allí ¡Otra vez! Pero ahora con la aparición del ángel Gabriel (así se presentó). ¡Mi niña, tremenda taquicardia! Pero Gabriel le tranquilizó y menos mal porque si no, nos quedamos sin María, sin Jesús, sin perdón… Sin ná de ná.

“Alégrate llena de Gracia, el Señor está contigo”. Así como si tal cosa y María confundida no sabía que pensar, no era posible… Y el ángel continuó:

“No temas María porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir en el seno y darás a luz un Hijo a quien pondrás por nombre Jesús… Será llamado Hijo del Altísimo… Reinará sobre la casa de Jacob por los siglos de los siglos y su Reino no tendrá fin”. Y María simplemente preguntó (me llega a pasar a mí y nos tenemos que sentar tres horas):

¿Cómo será eso si no conozco varón? Bueno sí le conocía pero aún no vivían como matrimonio (estaba desposada de palabra); y el ángel se lo aclaró:

“El Espíritu del Señor vendrá sobre ti y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el que ha de nacer será santo y llamado Hijo de Dios. También Isabel tu prima era estéril y concebirá porque para Dios no hay nada imposible”. La inocencia de María no le hizo dudar ni un segundo. Era una chiquilla sana, piadosa, una angelita de Dios. Solamente dijo estas palabras de fe para la eternidad:

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel se fue con la respuesta a Dios.

Era casi una cría pero la fe de su alma, inmensa y única. Esa es la fe, la fe de una mujercita sencilla, que amaba a su Dios y se dejó hacer por Él sin poner una sola objeción. María, María ¡Quien pudiera imitar tu fe! Gracias a ti tenemos el mayor ejemplo de obediencia, de entrega al Altísimo, así sin más, sin discutir, sin peros, sin dudas… Igualiiiiiito a nosotros. ¡Gran elección Dios!

Gracias María por tu entrega, tu buen hacer, por ser desposada de José (no te preocupes José, te entendemos) y por lo que aquella situación supuso para ti, para él, tu familia y la suya… No lo tuvisteis nada fácil en aquel pueblito tan chico. Y a pesar de todo…

¡Bendita seas, niña de los ojos de Dios!