Mar

Fotografía: Vinoth Chandar (Creative Commons)

Todos los sonidos y todas las palabras surgen desde el silencio y vuelven al silencio.

El silencio oculta los sonidos y los sonidos enmascaran el silencio, pero es finalmente al silencio donde todos los sonidos retornan.

Cuando alguien le cuenta un secreto a usted, la única forma de guardarlo es permaneciendo en silencio.

El silencio guarda los secretos. Por eso, sólo en el silencio se pueden buscar.

Cuando usted entre en el silencio podrá ver los secretos que allí están guardados, pero ¿cómo oculta usted el silencio para no entrar en él y ver sus secretos?

Muchas veces las personas hablamos y hablamos en voz alta y en voz baja, o en nuestra propia mente sin voz, y no decimos nada. Es como si nuestro único propósito fuera emitir sonidos para ocultar el silencio.

El silencio lo envuelve todo, todo el universo está envuelto en silencio. Es el lenguaje de Dios.

Cuando Dios habla con nuestras palabras a través de las Escrituras Sagradas, no es su entendimiento tan importante como el silencio que imprimen en su espíritu.

Cuando una verdad de Dios es dicha, la mente que la reconoce queda en silencio para que, en secreto, quede guardada en el corazón. A eso lo llamamos reverencia o adoración.

Ante la verdad de Dios, nada se puede decir, nada se puede hacer. Ya no queda más remedio, la mente cae de rodillas en silencio, en adoración ante el profundo misterio del infinito.

Muchas veces subo en el ascensor con personas incapaces de mantenerse en silencio durante tan breve trayecto. Necesitan romper el silencio generalmente con una queja sobre el tiempo (frío, calor, lluvia, etc) como buscando complicidad

Supongo que deben pensar que soy irrespetuoso cuando no contesto, o simplemente maleducado por negarme a compartir esa complicidad basada en una queja, pero lo que pasa es que no me molesta el silencio ni me pone nervioso.

Simplemente miro a los ojos de esa persona y recuerdo que la cercanía de Dios se experimenta como silencio, como secreto, dulzura y una invitación a adorar la vida. Nada que ver con una queja y, como mucho, esbozo una sonrisa y agacho la cabeza.

Nuestra vida y el silencio es la misma cosa. Cuando se dé usted cuenta, verá que en el silencio lo tiene todo y encontrará lo que busca. Se encontrará con Dios en su eterna perfección y su alma oirá lo que no oyen sus oídos.

Cuando hoy salga usted a la calle, mire el inmenso cielo silencioso que arropa el paraíso. Vea cuánta paz hay en su silencio y, tal vez, se encienda el amor en su espíritu o simplemente se dibuje en su cara una sonrisa.