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Sermón de la Montaña y curación del leproso (Cosimo Rosselli)

¿Os acordáis de la frase “Si quieres, puedes”?, pues viene de este Evangelio. Muchas más han quedado en el lenguaje del cristiano por siempre, y nos salen cuando queremos dar fuerza a un testimonio.

No sabemos la ciudad donde sucedió, pero es lo de menos. Cuando Jesús bajaba de orar, comenzaron a seguirle las multitudes, entre ellos un leproso ¿Os imagináis a la gente apartándose de él? Con razón llegó hasta Jesús, (así cualquiera); se postró en tierra y mirándole, suplicó:

“Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Tenía fe ciega en los milagros de Jesús -no sé si la misma en creer que era el Hijo de Dios- y Jesús compadecido, alargó su mano y tocándole dijo: “Quiero, queda limpio” y ¡¡¡Záaas, milagro al canto!!! al instante la lepra desapareció.

Si tú pides a Dios que te “limpie” después de hacer algo súper horroroso, Él siempre te dirá a través de un sacerdote: “Quiero queda limpio” -son órdenes de Jesús a Pedro y de Pedro al cura de la parroquia- y como los chorros del oro… Es genial saber que para Dios sólo existe el HOY.

¡Oye que tener lepra o ser más malo que un dolor, no es nada raro! Pero has de tener claro que para Dios es más importante “un malísimo” arrepentido (la oveja perdida) que “un intermedio” que siempre está: “Ya entro, ya salgo, ya me escapo del redil…”. Por cierto, no sé si esto del “escape” les hace mucha gracia a los pastores, pero Jesús les dice: “Tened paciencia, están haciendo el tonto… Ahora vuelven no os preocupéis, hay loooooobos…”

Después Jesús dijo al “leproso” que se fuera al templo y ofreciera su purificación para dar testimonio, pero que no lo promulgara… ¿Qué no?, a los 5 minutos ya se había enterado todo el pueblo. ¡Pero anda que Jesús no sabía que en cuanto se diera la vuelta no lo iba a cantar!, nos conoce pero que muy bien. ¿Sabéis eso de “tú no se lo digas a nadie, pero… bla bla bla” como las marujas?, pues lo mismo.

Ayer una lepra, hoy un trompazo, mañana un catarrin… Y así vamos en nuestras vidas, “curándonos y volviendo a enfermar”, esperando que cuando llegue el último día, nos vayamos tan limpitos como el pobre enfermo de este Evangelio.

Siempre en nuestra mente: “Estad alertas, no sabéis el momento ni la hora”. ¡Qué “yuyu” Dios! Pero el Evangelio está ahí para “perder” el “yuyu” y lo mejor de todo, Él nos dice qué llevar en el maletón. ¡Ojo! ten cuidado y no te lleves sólo el paquete de pipas… ¡Escucha antes!