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Santísima Trinidad (Antonio de Pereda)

¿Quién no ha oído decir que todos nuestros actos tienen transcendencia en lo universal?

Aunque suene poco cristiano, tengo que decir que, en cierto sentido, creo en los dioses paganos y entiendo a los antiguos cuando los veneraban, es más, creo que lo sepamos o no, todos y cada uno de nuestros actos van dedicados a algún dios.

Un acto puede estar dedicado al dios del dinero, otro al dios de la ira, o de la guerra, o al dios de la sensualidad, o cómo no, al dios del vino.

¿Y por qué digo dios del dinero o dios de la ira, y no digo simplemente dinero o ira? Pues muy sencillo: porque, como si fueran dioses, llegan a ejercer poder sobre el hombre hasta poseerle completamente.

Con cada acto su poder crece y crece cada vez más y eso es fácilmente comprobable. También hay dioses de la virtud, como la paciencia, la dulzura, o la caridad,… a los que podemos dedicar nuestros actos para que posean nuestro espíritu.

Los cristianos decimos que creemos que hay un solo Dios verdadero, que entonces encarnaría todas esas cualidades, las cuales pueden ser buenas o malas dependiendo del momento y la situación por las que se les ha dedicado un acto.

Creemos necesario a veces hacer actos por dinero, incluso utilizar la ira para contrarrestar un mal mayor, procurando no llegar a ser esclavos de esas cualidades.

Otro asunto que viene al caso es que el hombre, al comer del fruto del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, quiso usurpar el papel de Dios y ahora cree que conoce y, por tanto, decide qué es bueno y qué es malo a su antojo, juzgándolo todo y a todos como si fuera un Dios absoluto, olvidando la transcendencia de sus actos y sin saber que llegará a ser poseído por un dios pagano al que venera sin darse cuenta.

Pero entonces surge una gran pregunta ¿Por qué quieren los dioses poseer al hombre? O lo que es lo mismo ¿Qué tiene el hombre tan valioso para los dioses?

La respuesta es obvia, sencilla, prosaica y única… …su atención.

A poco que observemos, podemos constatar que no solo los dioses quieren nuestra atención, sino también los hombres desde el mismo momento en que nacen y todo lo que hay sobre el Universo quiere nuestra atención.

Desde pequeños queremos la atención de los demás, y es por medio de la atención que aprendemos todo lo que sabemos y con nuestra atención servimos al mundo, a los demás y a todo en la creación.

Nuestra atención es alimento para los hombres, para las cosas y para los dioses.

También el único Dios de los cristianos, ése al que llamamos Padre, porque así lo llamó Jesús por primera vez, también parece que quiere nuestra atención.

Los cristianos decimos que Dios quiere nuestra alma y decimos verdad, porque nuestra alma y nuestra atención están íntimamente ligadas.

Nuestra alma se nutre de nuestra atención y será poseída por la virtud o el defecto según a qué hayamos dado nuestra atención. Parece que el hombre sabe lo que es la atención pero no termina de tener claro que es el alma, sin embargo aquí es donde lo divino y lo humano se encuentran,… …en la atención.

Es más el hombre llega a negar la existencia del alma sin darse cuenta de lo ligada que ésta está a su atención, a su consciencia.

Incluso niega la existencia del infinito sin darse cuenta que lo infinito está presente por todas partes y en todo lo creado por Dios.

¿Cuál es el número mayor hasta el que sabes contar?… …infinito

¿Cuántos matices de colores se pueden formar?… …infinitos

¿Cuántas frecuencias de sonidos podrían existir?… …infinitas

Y así una infinita lista de la que muchas veces no somos conscientes y el hombre vive a veces sin darse cuenta de su relación con lo infinito y lo universal sin captar su continua relación con el universo en todos nuestros actos, un dar y tomar recíproco y necesario para la existencia.

Tomamos aire y lo devolvemos al aire universal. Tomamos agua y la devolvemos al agua universal. Tomamos alimento y lo devolvemos a la tierra. Tomamos luz y calor e inmediatamente lo intercambiamos con el universo. Aunque estuviésemos en mitad del espacio vacío del cosmos, nuestro calor se intercambiaría con el planeta más cercano a cualquier distancia que estuviese. También cogemos pensamientos y los devolvemos a la mente común. Intercambiamos con el universo constantemente, y lo mismo hacemos con nuestra atención, pero seguimos pensando que somos individuos separados del universo y del infinito.

Dios puso su poder en la atención del hombre y lo rodeó del infinito, y eso nos hace semejantes a Él. Quiere nuestra atención y quiere nuestra alma porque son suyos afortunadamente para nosotros gracias a su gran compasión.

He dicho que Jesucristo fue quien llamó “Padre” a Dios por primera vez y eso es una de las muchas cosas que lo distingue de todos los grandes profetas de otras religiones.

Él sabía que era Hijo de Dios y sólo hacía su voluntad. Toda su atención estaba en el Padre y tan poseído era de Él que eran Uno Solo.

Jesucristo sabía que nuestra atención es nuestro Tesoro.

Dirijamos pues nuestra atención al lugar que debemos para ser uno con Cristo y con Dios como ellos mismos eran uno… …Amén.

Y si quiero ser honesto con estas palabras solo puedo terminar diciendo:

“Gracias por su atención”