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Fotografía: ebayink (Creative Commons)

A lo largo de la historia, la Iglesia ha aprovechado los medios que tenía a su alcance para que el Evangelio llegase lo más lejos posible. Manuscritos medievales, retablos, imágenes… son una buena muestra de la adecuada utilización de recursos para llegar al pueblo. A día de hoy, juega un papel cada vez más importante Internet; un medio en constante crecimiento que a lo largo de los años se ha ido desarrollando como una plataforma de comunicación mundial de enormes posibilidades. La Iglesia ha estado presente en la red desde el principio, pero fundamentalmente a partir de particulares, tanto religiosos como laicos, y no tanto a nivel institucional donde, salvo algunos casos destacables, ha quedado rezagada. Si cada uno analiza las webs o blogs católicos que sigue habitualmente, seguramente la mayor parte de ellos habrán surgido de iniciativas particulares.

A finales del año pasado, el papa Francisco señaló que “Es indispensable la presencia de la Iglesia en Internet, para anunciar a Cristo con estilo evangélico”. Como presencia no creo que sea suficiente que una parroquia, delegación o cofradía tenga una web o un blog que no se actualice, ni se adapte a los continuos cambios, o mejor dicho, a las nuevas oportunidades que brinda Internet. Tampoco servirá de mucho si, aun añadiendo contenidos, no se emplean los medios para que estos se posicionen en Google, pues si el internauta no los encuentra es como si no existieran.

Podemos quejarnos de que la voz de la Iglesia se tergiversa, en no pocas ocasiones, en los medios de comunicación tradicionales. Sin embargo, peor que algo que difícilmente podemos evitar, es no darnos cuenta del modo en el que Internet ha democratizado las comunicaciones, ya que cualquier persona desde su web o blog puede llegar a todos los rincones del mundo y competir con cualquier medio o institución -por grande que sea-, porque los mecanismos por los que se rige Internet son exactamente iguales para todos. Aquí lo que se escucha es tu voz, sin interferencias, siempre y cuando puedas hablar lo suficientemente alto. Las nuevas tecnologías, pese a todo, no acaban de ser parte importante de nuestros planes pastorales, aún no prevalecen sobre medios de difusión que ya no son tan eficientes. Andamos, mientras otros corren. Cuando jugamos lo hacemos con los suplentes y así no podemos competir. Lástima, porque éste que escribe y problablemente tú, estimado amigo, creemos firmemente en que la Iglesia tiene el mejor “producto”.