Jesús y María

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

Esto tiene “bemoles”. Vamos a ver, entendamos bien a Jesús porque las contestaciones son de traca…

Resulta que fueron los hermanos -ya sabéis el clan de Jesús- y su madre María dónde estaba Él predicando; pero como había tanta gente, no pudieron acercarse para hablar con Él, con lo cual alguien fue a avisar a Jesús, y ¿sabéis qué?

Pues que después de avisarle y decirle que su madre y sus hermanos estaban fuera esperándole, Jesús va y contesta:

“Mi madre y mis hermanos son los que oyen la Palabra y la cumplen”. ¡Hala! y siguió dentro.

¡Se quedaron pasmados sin poder contarle el asunto! Y es que Jesús, es Jesús, digo, que Jesús lo que quiso decir es que su madre y sus hermanos eran los que Le escuchaban y hacían caso. Esos eran y son los SUYOS. Su Madre y sus hermanos no necesitaban su atención más que ningún otro.

Era y es lo único importante, quería y quiere darnos el título y el honor de seguir perteneciendo a su familia después del Bautismo. Dios nos quiere tanto o más (me atrevo) que a María o Juan el Bautista.

Ya dijo una vez que “el más pequeño en el Reino de los cielos, sería más grande que Juan”. Y ¿sabéis porqué? Porque Jesús vino, no por su Madre que ya era santina, ni por Juan que nació para preparar su camino, vino por ti y por mí. Es que… No habría venido y menos a sufrir así ¿Vale?

Pues ¡ojo al dato!, que nos quiere más que a nadie.

¡Señor! deseo ser tu abuela por el pilón de años que tengo y si no, tu tía… Haré lo posible por no defraudar mi “consanguineidad” contigo y, si me suelto de tu mano porque me entretengo con una mosca, me atices un capón. Quiero estar agarrada a Ti, cuando me des las “alas” para irme.

– Oye Jesús, ¡tendrás la pera de “abuelas, tías, primas y hermanas” de todas marcas!

¡No sabes, no sabes!, y cada cual más guapa…

– ¡Anda ya Jesús!, que somos pergaminos…

¡Jajajaja!… Pero mira que eres… ¿Tú que te crees, que yo no veo en el rostro su corazón?, pues es lo único que enseñan y son guapísimas…

– Vale vale, menos mal porque a estas edades… ¡Uff!