Juan el Bautista (Guido Reni)

Juan el Bautista -fragmento- (Guido Reni)

Resulta que Lucas dice que quiere contar las cosas por orden y ya van dos… Pues aquí se ha lucido, este pasaje va al principio, antes de lo de la “Paloma” en el Jordán… Porque ahora va y dice que Juan envía a dos de sus discípulos a Jesús a preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”

Y cuando llegaron a Jesús, Jesús hizo un porrón de milagros delante de ellos y les respondió: “Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia el Evangelio a los pobres; y ¡Dichoso el que no se escandalice de mí!…”

¿Veis? Lo raro para mí es que Juan ya sabía desde el vientre de su madre Isabel (prima de María) que Jesús era el Hijo de Dios… ¿Os acordáis del salto que pegó el pobre en el útero de su madre el día que les visitó María embarazada? Pues eso, que sin verle y de barriga a barriga, con 24 semanas de vida ya le reconoció, no sé para qué manda a dos discípulos después de 30 años a preguntar… Pero si así está escrito, chitón.

Y volvemos al texto. No Jesús, escandalizados no sé si quedaron después de tantos milagros, pero hechos un cuadro sí, porque ver todo eso in situ, ni que fuera algo natural ¡¡¡por Dios!!! Cuando ahora para hacer un Santo, nos tiramos la pera de años estudiando el “caso”, los milagros… ¡Ufff!

Jesús con estas palabras, nos dice que hasta Juan, el del salto, quería saber si Jesús era el Mesías (como se habían dejado de ver por mucho tiempo…, pues es lo que pasa) por eso fue a preguntar y por eso nosotros que no somos ni por el forro familia de “sangre” como lo era Juan, lógicamente a veces nos asaltan las dudas y tenemos que hacer cosas, como orar, rezar, comulgar, leer… Lo que haga falta.

¡EN VERDAD! El Bautismo es la base de la fe y los Evangelios escritos, la fuerza; pues de viva voz, no nos habría llegado ni la mitad de la mitad de lo que dijo Jesús o se habría adulterado a gusto del consumidor.

¡Qué grande el correr de la pluma del Espíritu Santo!