Amistad

Fotografía: Juliana Coutinho (Creative Commons)

Conocí una parte de Dios: Vive en el corazón de un hombre bueno. Un tipo genial donde la enfermedad se instala una y otra vez. No se queja, simplemente está cansado, y sigue al frente de la vida un día y otro, como si Dios le pusiera escaleras para llegar a Él. Y las sube ¡¡¡Vive Dios que las sube!!!

Más cosas no le pueden pasar y os diré… Le siguen pasando. Es increíble cómo se nota y se ve esa fuerza especial en él y, ¿sabéis porqué?, porque a pesar de todo, te anima con un gran sentido de humor inglés.

Esta alma nació en un lugar de esta España dónde hay una inmensa luz que acoge la Risa, el Amor, la Gratitud, la Oración y el Llanto… Sí, son las siglas de su pequeña ciudad, un trozo de nuestra España andalusí.

Su fe es grande, su oración eterna y su caminar incesante… No lleva sandalias sino pies de hierro, no lleva un cayado de madera, sino dos báculos metálicos que se hincan en tierra dejando pisadas más fuertes que las nuestras… Siempre impresionando a Dios.

Me dijo: “No envías literatura, no tengo nada tuyo”…

¡Cómo que no! Ahora escribiré sobre ti, pero no soy literata amigo ¡qué va!

Y empecé acordándome de Dios en esa faz sufriente y cansada… El mundo no entiende, yo tampoco, porque a veces me quejo y llevo sandalias… ¡Hay ovejas y ovejas!

Gracias amigo, a ver si copio un poco mucho de ti para ser oveja de tu categoría y no de la mía, sin lana y escuchimizada. Sí, ya sé que vino por las “estropiciadas” y que su Misericordia es infinita pero amigo, tengo ansiedad, tú en cambio te resignas con el devenir ofreciendo a Dios tu lucha y tu cansancio.

A mí se me olvida muchas veces ofrecer las penas, aunque siempre Le digo: “Cuando quieras, como quieras y SI QUIERES”, pero dame paciencia, ¡Porfa!

Sé que su Voluntad jamás nos llevará donde su Gracia no pueda protegernos y esto me tranquiliza cada noche cuando cierro los ojos.

Te imitaré amigo, un abrazo.