María Magdalena

Fotografía: Charles Clegg (CC)

Sí, porque la actitud de estas mujeres era de monjas seguidoras… Como ahora pero anda que te anda por los pueblos y aldeas.

¿Qué os pensabais?, ¿que iban saltando a pídola con los apóstoles? Pues claro que no, iban siguiendo a Jesús por la fe, después de haberlas curado de espíritus malignos y enfermedades.

Jesús no decía nada, por el contrario sabía que ellas también le necesitaban y con lo “brujas” que somos las “ñoras”, con más razón.

Iban en bloque, como en una manifestación pacífica y cuando Jesús se paraba, se sentaban todos; después Jesús les decía: ¡Ya está bien de paradita! Y ¡Hala! otra vez la caminata hasta el siguiente pueblo para escuchar de nuevo a Jesús. Las gentes se iban uniendo… El entusiasmo por su Palabra y sus hechos hicieron que ellas también le acompañaran.

Eran unas cuantas las conocidas: María Magdalena, de la que había echado siete demonios ¡Jopé 7!, la pobre que culpa tendría, bueno a saber, si te alejas mucho del bien… Juana, la mujer del administrador de Herodes (que dejó a su maridín); Susana que no sé quien era; Yo, que tengo pecados a rabiar y me paso el día en el confesionario; , que cumples casi todo lo que dice (¡quien pudiera!); Ella que “espía” y nos sigue; Aquella que le falta un ojo y “ve” mejor que antes; la Otra que critica pero no se despega…

En fin, un grupito de mujeres de todas marcas y condiciones y todas les asistían con sus bienes… La que “espiaba”, seguro que se lo andaba pensando, pero era la que más preocupaba a Jesús: La típica oveja que se pasa el día espiando el redil porque tiene un follón mental que… ¡No se aclara!

Señor, media humanidad no se aclara, pero sé que te sigue a trancas y barrancas… Recemos para que algún día “caigan del guindo”.