Tinieblas

JordanStimpson (Creative Commons)

“…Por ti madrugo…” nos dirá el salmista, “…por ti rechazo las obras de las tinieblas…”, que es lo que significa “madrugar” en la Escritura. Las obras de las tinieblas se hacen presentes en ausencia de Luz. Luz con mayúscula, que es Jesucristo, Luz que es su Palabra, revelada en su santo Evangelio.

Nos lo recuerda el salmo: “…lámpara es tu palabra para mis pasos, Luz en mi sendero…” (Sal 118)

Todos sabemos, o debemos saber, que las obras del demonio se presentan en nuestros pecados, los que recogen las Tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés, los que se recogen posteriormente en el Catecismo de la Iglesia Católica.

Pero son “obras de las tinieblas” las que apartan al hombre de Dios su Creador. Las que abandonan a Dios por otros ídolos, que no pueden salvar. Es la idolatría de la Escritura, que es ahora más actual que nunca. Son obras de las tinieblas los desencuentros entre hermanos, las disputas por alcanzar el mejor puesto a costa de lo que sea… son obras de las tinieblas los desamores entre esposos, que generan separaciones y divorcios, infidelidades… o no las generan en un falso matrimonio que convive en unión de cara al exterior, pero que oculta una total y permanente falta de amor del uno para con el otro.

Son obras de las tinieblas el desentendimiento total de los Sacramentos, el no procurar el Bautismo de los hijos con la falsa convicción de que ellos nacen libres -cosa que es cierta- , y si quieren de mayores, ya se bautizarán. Y son obras de las tinieblas el falso rito de comunión civil que tiene la osadía de organizar una fiesta infantil, de blanco, sin Comunión del Cuerpo y Sangre de Cristo, solamente para que su niño@ tenga la misma fiesta que sus compañeros católicos.

El poder de las tinieblas es de tal magnitud, que arrasa a la familia, arrasando con ella toda la sociedad. Estemos, pues, atentos a las “obras de las tinieblas” que nublan el corazón del hombre, y pertrechémonos con las “armas de la Luz” (Rom 13, 11-12)

Por la entrañable Misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo Alto –Jesucristo- , para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Canto del Benedictus).

Alabado sea Jesucristo.