María rezando

María rezando (Sassoferrato)

“…y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno. Y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»” (Lucas 1, 42-45)

 

María

¿Qué luz viste? ¿Qué voz escuchaste?

¿Qué fuerza arrebató tu vida y la entregó a su voluntad?

¿Cómo te miró?

¿Cómo te escogió y cómo, sin comprender nada, entendiste todo y dijiste, sí?

Sí a lo que sentías, sí a lo que no conocías, sí, abrazando el temor y sujetando con tus manos esa promesa que podía con el miedo y la incertidumbre.

Sí en Él y sí por Él.

Y, a partir de entonces, una vida entregada a ese rayo de luz esperando, confiada, creyendo, guardando, meditando.

Gestando al Creador, te hiciste parte de Él y comprendiste poco a poco la razón de la sinrazón.

Y así, caminaste a su lado, asumiendo sin entender, abrazada a esa certeza, a esa Palabra que recibiste.

Fuiste compañía de quiénes acompañaban a tu Hijo.

Y ahora, caminas a mi lado, me levantas, me sostienes, me llenas de esperanza.

Eres mi compañera y mi seguridad de que un día, veré a Dios.

 
“No será para ti ya nunca más el sol luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará de noche, sino que tendrás a Yahveh por luz eterna, y a tu Dios por tu hermosura.” (Isaías 60, 19)