La vocación de San Mateo (Caravaggio)

La vocación de San Mateo (Caravaggio)

Dijo Jesús a Leví (era Mateo que estaba sentado en la “ofi” de impuestos): “¡Sígueme!” Y Leví “ipso facto” le siguió, como tú o como yo cuando Él nos encuentra. Después Leví le invitó a su casa a comer. Entre los invitados sabiondos de la ley y publicanos, se sentó Jesús con sus discípulos y ¡¡¡No sabéis la que se armó!!!

¿Pero que hace sentándose con pecadores? Murmuraban los listos…

A Jesús se le torció la ceja y dijo en voz alta: “Los sanos no tienen necesidad de médico sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos sino a pecadores para su conversión”. Primera regañina a los que no se enteran… Nos creemos “la crem de la crem” y mira por donde, estamos dentro del cestorro de los pecadores, como ellos.

– No si yo no he hecho nada… Dirás tú.

¡¡¡Anda ya!!! Tú y todos, hasta los Santos antes de serlo…

Mientras comían también criticaron la falta de ayuno de los discípulos según la ley ¡Vaya comida más alterada por Dios! Entonces a Jesús se le estrujó otra vez el entrecejo y…

“¿Es que pueden ayunar los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos?, pero vendrán días de ayuno cuando les quiten al esposo, entonces ayunarán”. Chino mandarín, no entendían ni flores, como siempre…

Y encima otra parábola más (¡pero si no te entienden hijo mío!). Les dice: “Nadie pone una pieza vieja a un vestido nuevo (quedaría fatal) y nadie pone vino nuevo en odres viejos porque reventarán los odres y nadie, después de beber vino añejo quiere el nuevo”. Pues… Un “Vega Sicilia de 30 años”… ¡Como para cambiarlo!, pues sí queridos, Jesús era la ropa nueva, el mundo nuevo de salvación; cosa que antes ¡ni hablar! “pabajo” y punto pelota.

Yo he tardado años en entender sus parábolas, pero cuando las entiendes, reconoces el curioso “sistema” de Jesús para enseñar, es decir, contando como salvarnos en fábulas profundas.

¡Qué pena de “sabiondos” anclados en el vino viejo! Yo no sé como Jesús no les mandó a “coger florecillas campestres ese día”. Señor, pues no te enfades pero después de 2000 años, muchos siguen haciendo ramilletes de margaritas silvestres… ¡En la inopia vaya! ¿De nada valió tanto esfuerzo?