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Fotografía: Fernando Rodríguez (Creative Commons)

Éramos tres en una mesa… Y me asusté cuando oí hablar a una de ellas que decía ser “Católica”… Efectivamente, Jesús no estaba en su vida diaria, ni tenía fe en su Poder. Tampoco se ha preocupado de escucharle y menos aún, se apoye en Él para hacer el camino…

¡Cuántas personas por desgracia piensan que ser Cristiano es tema, asignatura aparte de sus vidas cotidianas!, cuando debería estar en medio de infinitas conversaciones como algo natural. Porque amigos, siempre hay situaciones que parten el alma; incapaces a veces de afrontarlas porque nos falta esa fuerza especial de Dios.

– No Emma, no vamos a hablar ahora de religión, no es el momento y este hombre tiene un grave problema…

– ¿?… No estoy hablando de religión, sino de Dios en su vida. Le necesita, dije.

Sí, a ese chico se le saltaban las lágrimas sin ver salida a su vida y el “católico”, no dejaba de decirle que tuviera voluntad y empezara de nuevo ¡Así como por arte de magia!

– No, no es así amigo mío, no es tan fácil, apunté. Cuando el hombre ya no puede, ha de ponerse en manos Supremas y, con fe reclamar esa voluntad urgente para “renacer”. El “pedid y se os dará” es una verdad… Pero él ha apartado a Dios de su vida.

– No Emma, lo que tiene que hacer, religión aparte, es… Decía el que daba consejos.

Dios no entraba en la vida de ninguno de los dos “oponentes”, Jesús era simplemente una imagen en la Iglesia. No sé si sabrían que estaba presente físicamente en el Sagrario; en una astilla cuando se rompe… Pero no, Jesús era algo del pasado, dudoso… Entonces dije: ¿Porqué ponéis fe ciega en vidas relatadas de personajes famosos de la historia y no acreditáis lo dicho por Jesús y escrito por sus apóstoles? No respondieron. ¡El colmo de la oposición como regla a todo lo cristiano!

Hablar ahora de Jesús-Dios en mitad de una conversación, parece ser cosa de obtusos antiguos sin evolucionar al moderno mundo. No interesa, no se lleva y te tachan de fanática. ¡Qué triste y preocupante!

Pero yo continué: ¡EUCARISTÍA, EUCARISTÍA! y llevarás a Dios dentro como una lámpara que ilumina tu vida. Te protegerá, te ayudará “aquí” de mil maneras y, un día te salvará. No le desplaces, no le ignores y pon tu vida en sus manos… Él la reconducirá por el mejor camino que hayas podido imaginar.

¡Escúchale donde habla para ti y haz lo que quiere de ti! Te prometo por mi vida que siempre cumple lo que dice, siempre. Con esto espero que hoy tengas la mejor ayuda del mundo. Y no hablé más, excepto para que riera un rato… Se partía.