Cristo subió a los cielos

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

Somos incorregibles… ¡No juzguemos a nadie, lo pido por favor!, nos lo ha dicho millones de veces; y nosotros dale que dale: “No, si no lo digo por nada pero… ¿Has visto?, se merece lo que no está escrito… ¡Este me las paga como me llamo Pepa!”. Bueno, pues así un día y otro. Nos encanta juzgar al vecino ¡Aquí los sabiondos! Ya nos vale…

“No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará… Con la medida con que midáis, seréis medidos vosotros”,

Pues ni flores, como el que oye llover… ¿Tan sordos estamos?, más que eso, abonados y adictos a la sordera y… ¿Sabéis qué?, que somos igual de bichos que los que nos dañan u ofenden. Unos por ofensivos, otros por jueces… Tales para cuales.

¡Diferenciémonos en algo “plis”!, y acordémonos de lo que nos dijo… Si para unas cosas somos tan fieles ¡Por Dios!, seámoslo en todo y ¡aguantémonos! -No hablo de Impunidad Judicial, quede claro; y si así fuera, dejemos a Dios la “Apelación”, jamás venganza-.

Jesús también nos dio otra enseñanza: -“¿Puede un ciego guiar a otro ciego?, ¿no caerán los dos en el hoyo? (en el mismo hoyo, lo que yo decía, juntitos). ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Deja que saque la paja de tu ojo, tú que no ves la viga en el tuyo?… Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo y entonces verás para quitar la paja del ojo de tu hermano”.

¡Menuda clase magistral! No tenemos vigas, sino tablones de tarima flotante, ¡Qué barbaridad!

Pues tomemos nota y dejemos a Dios hacer su labor de justicia, pues ante Él nos presentaremos. Si lo hacemos bien, tendremos el premio de no ser juzgados y sobre todo, perdonados en la medida que lo hagamos. No es un juego de palabras, es la Sabiduría de Dios en Jesús, nuestro Maestro.

Si nuestra intención no fuera actuar con maldad… Podríamos callarnos un poco y evitaríamos la ira del otro. ¡Ya, ya sé que es súper-difícil! Pero confiemos, que parece que no nos creemos nada; es más, es que a veces ni lo confesamos de la poca importancia que damos al juicio y a la crítica…

Señor, perdónanos porque no sabemos ni lo que decimos cuando nos sentimos atacados… Nos olvidamos de tus Palabras que concilian. ¡Qué poca memoria!