Eucaristía

RobertCheaib (Creative Commons)

Dios siempre espera esta frase, tal vez no tengamos esa lepra como el señorín que se lo dijo, pero la nuestra es grave también, porque es del alma. Los milagros físicos fueron para que creyéramos, hoy son más los del alma.

“¡SÍ QUIERO, QUEDA LIMPIO!”, radiante como una patena. Esto nos dice también a nosotros antes de la Comunión, pero nosotros se lo hemos pedido automáticamente (“Señor no soy digno…).

Analicémonos después de la Eucaristía y veremos si nos ha limpiado o quiso hacerlo.

Pues quiso, pero con la mísera fe que nos adorna, hace que pase lo que pasa y en cuanto salimos del templo ¡hala!, a “acordarnos de todo el mundo”, a las “ñoras” se nos da genial. ¡Esto no puede ser!!!

¡Madre mía! ¡Qué desastre más desastroso!

¿Es que no podemos hablar en serio, decir: “Señor, si quieres puedes, déjame limpia”, y escuchar?

Constantemente quiero y puedo, eres tú, amigo mío, quien pasa de mí y no me pide aumentar la fe… ¡Así no hacemos nada! que te quede claro ¿he?

– ¡Jopé que enfado! Dice las cosas a la cara…

Además, la próxima vez que salgas de la Iglesia, acuérdate de Mí y llévate la revista de salud o de viajes, si te digo el periódico, la liamos parda…

– Pues vale y aumenta mi fe para decirte de corazón un “Si quieres puedes” como el del señorín.

No te preocupes, siempre estaré para curarte, pero háblame de corazón.