“No atesoréis tesoros sobre la tierra, donde la polilla y
la herrumbre los hacen desaparecer; atesorad mas
bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni
herrumbre. Porque donde está tu tesoro, allí también
estará tu corazón.”

Mt 6; 19-21

Santo Sepulcro de Jerusalén

Fotografía: Catholic Church England and Wales (CC)

TEJIENDO NUESTRAS VIDAS

Cuanto tiempo dedicamos
a tejer nuestra existencia
a tramar todos los hilos
que nos permitan sentir
la ansiada seguridad
de tenerlo todo atado
de ser nuestros propios dioses
de poseer nuestras vidas.

Y qué será, que después
de tanto trabajo inútil,
nos invade la impresión
de estar encerrando el alma
de estar embalsando el mar.

De que nuestra misma vida
de tanto querer guardarla,
se escapa entre nuestros dedos.

Y entonces tu llegas, Padre
y nos hablas de pobreza,
de morir para nacer
de vaciarse por dentro
de abrir nuestro corazón,
y dejarnos habitar.

Nos hablas de perdonar
incluso al que nos ofende.
Nos hablas de ser por Ti
esclavos de nuestro hermano.

Y nos parece que, así,
nos propones lo imposible.
Nos invitas a un camino
que no podemos seguir.

Y es en nuestro abatimiento,
cuando nos hemos rendido
cuando estamos derrotados,
que levantamos los ojos
como el ciego del camino
y pedimos un milagro
para poder verte a Ti.

Y entonces Tú te apareces
como siempre, imprevisible
con el rostro de Jesús,
a ofrecernos tu Palabra,
que es tu presencia en la tierra.

Y a regalarnos el cielo
tan solo con confiar
plenamente en tu Promesa.

Y es esa misma Palabra
la que se ocupa de hacer
tu trabajo en nuestro alma.

Y un día, el que Tú quieres,
nos damos cuenta, en silencio
que hemos muerto para Ti.

Y, que aquel “imposible”
que siempre nos proponías
es hoy una realidad
en la que vivo y habito,
envuelta en Eternidad.

“Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños…
Tu no quieres sacrificios ni ofrendas
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: “Aquí estoy
como está escrito en mi libro –
para hacer tu voluntad.”

Salmo 39, 5, 7-9