Camino de Emaús

¡¡Hola!! ¡¿Cómo estáis?!

Os escribo porque siento la obligación de compartir con todos lo que ha sido para mi este ultimo fin de semana, mi historia, mientras que a su vez os pido perdón por no haber sido capaz de compartir con vosotros esto de viva voz.

Probablemente todos nosotros tenemos ese amigo de la infancia o esos amigos de la infancia que nunca olvidamos y guardamos muchos recuerdos con gran cariño y anhelo a su lado ya que fueron muy importantes para nosotros por una u otra razón. Como no podría ser de otra manera yo no soy una excepción y mi cabeza olvida muchas cosas pero nunca olvida la gente que pasó y sigue pasando por mi vida.

No siempre tenemos la suerte de retomar el contacto con una de esas personas, ya sabéis… “Llámame” y nunca nos llamaron, “te llamo” y nunca les llamamos, “a ver si quedamos” y ahí se queda todo… Pero hace poco, para mí fue diferente, después de varios intentos y como se suele decir: “¡A la tercera va la vencida!” Por fin quedé con mi amigo Pedro para tomar algo y charlar un poco dándonos la oportunidad de ponernos un poquito al día de lo que habían sido nuestras vidas pero una tarde es muy poquito tiempo para llevar a cabo tal efecto (jejeje) así que seguimos intentando quedar de nuevo pero nuestras agendas son un poco apretadas… Que os voy a contar que no sepáis ¿verdad? Entre pequeñas conversaciones por teléfono y algunas breves llamadas él me invitó al retiro de Emaús explicándome que sería todo el fin de semana y enviándome toda la información acerca del evento y no dude en aceptar ya que pensé: “¡Fantástico! ¡Por fin podremos tener tiempo para charlar tranquilamente sin prisas! ¡Que bien!”

Ya conocía de cuando era más pequeño los Retiros, convivencias, campamentos ya que durante muchos años fui a un colegio religioso y no era una novedad para mi pero esta vez era diferente porque no iba a “vivir” el Retiro si no que iba a pasar tiempo con un amigo porque yo ya tenía mis creencias y no iban a cambiar fácilmente.

 
(Viernes, mis convicciones me hacen fuerte, eso me gustaba pensar…)

Estaba en lo cierto, yo había ido a pasar tiempo con un amigo y así fue, pero no era el amigo en el que yo había pensado, entre otros allí encontré a David, un monitor al que conocí en un campamento del 98 y no podía creérmelo porque para mí había sido muy importante en mi vida, continué siempre cerca de la música en gran medida gracias a él! ¡Que alegría más grande! Y recordé una vez más aquello que mi abuela decía siempre…”las cosas pasan porque tienen que pasar” y a lo que a mí siempre me ha gustado añadir “y cuando tienen que pasar” aunque no encontré a Pedro hasta la tarde para mí ya era una suerte estar allí.

Hace algunos años aprendí que todos y todo lo que pasaba en mi vida tiene un porque, y durante este tiempo he sabido estar agradecido a todos por la experiencia que me habían ido regalando incluso aquellos que me habían hecho pasar por una situación complicada porque son una de esas cosas que nos hace ser lo que somos, nuestras vivencias, de todo se aprende.

Daba gracias al Amor ya que a pesar de que en algunos momentos me hubiera hecho sentir un gran dolor siempre supe que él era mi camino, camino que tiempo atrás no era otro que el camino del Señor en el que yo aprendí a amar a los demás o eso me gustaba pensar, pero cambié de colegio, perdí algunas amistades y me alejé de ese camino.

Con el paso de los años sin recordar muy bien el porqué, intenté volver a retomar aquella dirección pero cada vez que volvía a acercarme a los grupos y actividades en los que me encontraba tiempo atrás para mi desconsuelo me encontraba con una mala respuesta por parte de algún religioso, hasta en 4 ocasiones diferentes pensé “vaya tela… Ellos venden una cosa y luego ofrecen otra muy diferente” ¿qué era lo que yo esperaba? Amor, Comprensión y Perdón; así que empecé a pensar “No creo en la Iglesia como institución, si como Comunidad pero no creo que esa comunidad sea muy grande…” y siempre que me decía algo así recordaba a Pedro, el siempre fue amable, paciente y atento conmigo durante todos los años que pasamos juntos y sabía que a pesar de no habernos visto en todo ese tiempo el seguiría siendo el mismo. Mi idea era reforzada cada vez que escuchaba una noticia sobre abusos, actos inadecuados, respuestas indeseables de alguna persona que decía formar parte de la Iglesia. Así que empecé a creer que el Amor era el camino para el que yo estaba hecho pero que el hombre lo había desvirtuado casi en su totalidad mientras confiaba en que Pedro no fuera la única persona que seguía de corazón una vida entregada al Amor al prójimo, pero no terminaba de creérmelo y perdí totalmente mi fe en la iglesia como institución, al mismo tiempo en que creaba mis propias ideas que podría resumir diciendo: “Sé que hay algo, pero no sé que es, no sé si es energía, no sé si es algún tipo de Dios, pero creo que hay algo que me impulsa a intentar hacer el bien siempre que pueda ya que todo lo que hacemos nos es devuelto de alguna manera, quizás no como nosotros queremos o cuando nosotros queremos pero la vida siempre nos compensa de alguna manera aunque no sepamos verlo”.

 
(Sábado, ¿hay alguien ahí?…)

El sábado me desperté muy contento ya que no solo se me estaba dando una segunda oportunidad con mis amigos David y Pedro si no que además había encontrado un montón de nuevos amigos, vi que yo no era el único que debía sentirse así puesto que no hacía mas que ver caras sonrientes, abrazos, aplausos, ánimos… me sentía curiosamente cómodo en todo momento, libre, agradecido y compartí, compartí todo lo que pude, todo lo que supe y “empecé a escuchar, a todos, el ruido comenzó a apartarse de mi”, y comprendí que todo el agradecimiento que daba por mi vida, el perdón que había pedido y el que había concedido pensando en la vida, todo las palabras que yo había dedicado a la nada no habían caído en saco roto ni se habían perdido en la nada si no que todas habían sido escuchadas atentamente por Él”. Yo, que me creía buena persona, me había dedicado a hablar durante años pensando que no escuchaba nadie y no había sido capaz de comprender que estaba equivocado, que siempre había alguien escuchando, alguien atento a mi día a día y en ese momento comencé a pedir perdón, descubrí que no tenía las palabras adecuadas para expresar todo mi arrepentimiento, ¿cómo podía haber estado tan sordo, tan ciego, …? Y surgieron en mi preguntas, una detrás de otra, no sabía que estaba pasando, todas mis ideas… ¿había estado equivocado tanto tiempo? Toda la seguridad que mantenían en pie mis convicciones se tambaleaba, y aun sin saber lo que me esperaba empecé a preguntarme ¿estás ahí?¿holaaaa….? Y …¿cómo voy a dejar que Él me encuentre? ¿Qué tengo que hacer para escucharle? Pero a su vez seguía preguntándome…¿No me estaré equivocando? Pero… Aun había más sorpresas… Y encontré en una de ellas otro mensaje para mi… “ te perdono” y mis preguntas cambiaron… la primera fue: ¿En serio? Pero…Oye que he hecho…. “te perdono”, escuché…, y es que he dicho… “te perdono”…, volví a escuchar y seguí pensando…. ¿Esto es real? ¿Me estaré equivocando?… y volví a escuchar… “te perdono”.

 
(Domingo, hola buenos días, ¿sigues ahí?…)

Al despertar, el cariño del que me había visto rodeado desde el Viernes seguía entre nosotros pero también las preguntas… En el transcurso de la mañana descubrí muchas cosas pero lo más importante es que algo había cambiado dentro de mí, me sentía inquieto, alegre, emocionado… El Amor, el Amor que se me estaba entregando, puro, sin rencores, sencillo, humilde, cálido, comprensivo, infinito…. No podría explicaros con palabras lo que sentía, nuevos horizontes que me surgían con cada palabra, más, más y más…. Y comprendí cual era mi misión, vi el camino del Amor más claro que nunca y comencé a ponerme impaciente así que pedí paciencia, comencé a preguntarme como iba a hacerlo, y pedí… Pedí: “Inspírame siempre, lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer, para gloria de Dios, bien de las almas” entonces supe que el camino no iba a ser fácil pero que siempre habría alguien a mi lado, el Señor había hecho crecer la semilla tiempo atrás puesta en mi y no podía dejar de dar las gracias y que mejor manera de hacerlo que ¡celebrándolo! Así que después de tantos años, entré en la casa del Señor habiendo comprendido que no iba a misa porque era los mandamientos los que lo decían si no que íbamos a celebrar todo lo que el Señor nos había regalado ese fin de semana y todo lo que nos regalaba día a día y que además íbamos a poder celebrarlo con nuestras familias…¡¡Es una fiesta!! ¡¡Que bien!! ¡¡Podemos compartirlo con ellos!! y entonces escuché “¡¡Jesucristo ha resucitado….”, ” …EN VERDAD HA RESUCITADO!!” Esas fueron las palabras que salieron con fuerza al dejar que mi corazón hablara siendo libre.

Hoy puedo deciros que día tras día descubro algo nuevo, encuentro al Señor en los detalles, pido por mí, por vosotros y por tantos como consigo recordar cada día, pido por saber escuchar lo que tiene que decirme e intento decir que sí siempre que siento que me llama pero soy débil, así que pido perdón, perdón que Él me concede, que Él nos concede porque su amor no conoce limites y doy gracias, cada día que pasa, cada persona que pasa, por su Amor… No tengo palabras adecuadas para expresar todo el agradecimiento que hay dentro de mi, así que le pido paciencia y dejo que obre a mi alrededor porque, en Él confío! Siento la necesidad de compartir con todos que:

¡¡Jesucristo ha resucitado…
…EN VERDAD HA RESUCITADO!!

Besos y Abrazos de vuestro hermano.
Vuestro, y eternamente agradecido, Luciano.