Cocina a oscuras

Fotografía: Peter Lindberg (Creative Commons)

Eran las 4 de la mañana… No podía dormir, tenía demasiados problemas en mi mente y los rezos nocturnos no funcionaban por muchas oraciones que elevara al cielo; mis ojos seguían abiertos…

Me levanté, me senté en la cocina y en la oscuridad de las cuatro paredes con olor a cebolla y espagueti, llamé a Dios:

-Toc toc… Oye mi Dios, Tú que tienes telepatía conmigo, porque yo ¡Hijo mío! con lo limitadita que soy y con un cerebro de piñón… ¡Imposible!, pero quiero charlar contigo, ya conoces el tema…

Por favor, dime al corazón o a la mente qué debo hacer. Estoy en una encrucijada difícil de afrontar: Por un lado, el odio que mis actos de justicia podrían provocar y por otro, lágrimas de inocentes que no pueden comprender…

Yo no oía ni flores cuando al instante, comencé a hablarme…

-“Mira la batalla que avecinas, mira el odio que crearás, mira el corazón quebrantado de tu hija hacia su padre… No, no lo hagas, procura la paz; esas guerras duran demasiados años y conozco las leyes que enemistan a familias enteras de por vida.

Has acudido a mí y no al mundo. ¡Déjalo en mis manos! y confía. Ten paciencia, Yo hago las cosas de una manera especial que no imaginas y nadie se dolerá. Te lo prometo, soy tu Padre.

Ve a dormir tranquila, sueña y descarga tu ansiedad; cuando despiertes, el sol brillará especialmente para ti, sin enemigos en el horizonte ni llantos en la alcoba de al lado…

Buenas noches, Emma

A veces tenemos problemas angustiosos que parecen no acabar nunca. Pues aprendamos a llamar en el silencio del alma y la soledad del espacio con un “toc toc, ¿estás ahí?” Algo indescriptible, lejos de lo justo y del “quid pro quo”, os hará pensar con el corazón y no con la razón.

Yo no sentí las alas del Espíritu Santo, ni sentí el calor de Dios a mi lado, pero sí vi como empezaba a razonar deprisa y sin lagunas… ¡Con lo pesada que yo soy para cualquier cosa!

¡Llamadle pues! cuando sepáis que provocaréis una “guerra” sin límite en el tiempo y, evaluemos las consecuencias del derecho por el daño que nos atañe…