Diente de león

Fotografía: Luis Camargo (Creative Commons)

1. “Mi Padre es el que os da el verdadero Pan del Cielo”, dice Jesús. Y también el que dijo a Pedro que su Maestro era el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16-17).

2. Así como el “Hijo procede del Padre”, también los creyentes, en su Palabra, llegan a ser hijos suyos porque proceden de la fuerza creadora del Evangelio.

3. El que predica el Evangelio desde su sabiduría habla desde su autoridad. El que predica desde la Sabiduría de Dios habla a los hombres con las palabras que Él pone en su boca. Los sabios de este mundo no saben que las ovejas distinguen entre una sabiduría y otra.

4. Cuanto más un hombre se adentra en sus precariedades tanto más da libertad a Dios para adentrarse en él a fin de poner manos a la obra.

5. La Palabra de Dios guardada en el interior provoca en el hombre una especial ley de la gravedad; sí, especial porque en vez de tirar del espíritu hacia abajo, le impulsa hacia lo alto, hacia Dios.

6. Sólo desde el Evangelio enseñado por nuestro Señor y Maestro nos atrevemos a fijar nuestros ojos en lo alto y decir: ¡Dios mío, te amo!

7. No me cuesta nada creer que Dios es amor. Es el único que me aguanta en mis días de rebeldía.

8. El secreto para saborear a fondo la propia vida es muy sencillo: consiste en llegar a hablar, escuchar y adorar a Dios en el Templo espiritual y glorioso de las Santas Escrituras.

9. Cuando las palabras espíritu y vida de Jesús (Jn 6,63b) desplazan tanta morralla apilada en la mente y el corazón, entonces, sólo entonces, nuestros ojos se habitúan a la Luz de Dios.

10. El que tiene su cuota de soledad desacompañada de la Presencia, no puede conocer el ritmo sereno y gozoso a la vez, de las confidencias de Dios.

11. El hombre que rechaza a Dios levanta, aun sin saberlo, empalizadas para preservar su libertad, que tanto más se desgasta cuanto más la acaricia. Es el desgaste de la vida de quien ha puesto a raya a la Vida.

12. Es la soledad cargada de silencio lo que hace que la Palabra, casi furtivamente, se abrace a ella y la haga habitable. Es entonces cuando Dios se presenta al alma: ¡No temas, aquí estoy!

13. No hay mayor ni más devastadora tiranía que la de acatar irremisiblemente el sometimiento del propio espíritu a los caprichos que consideramos imprescindibles.

14. Todo hombre es manipulable. Sólo hay un antídoto ante esta enfermedad: buscar la verdad. Todo amante de la verdad se encuentra casi sin darse cuenta con el rostro de Dios.

15. A fuerza de llamar bien al mal y mal al bien, los santurrones judíos llegaron a decir que las obras del Hijo de Dios venían de Satanás.

16. La apacible mediocridad de los que “dicen” ser discípulos de Jesús me recuerda el título de esta película de Buñuel: “El discreto encanto de la burguesía”.

17. Abraham, en la Escritura símbolo de la fe, salió de su casa y de sí mismo sin saber adónde iba; le bastaba saber con Quién.

18. Muchos dioses o un solo Dios. Cuando son muchos, tantos como vanidades, todos ellos pelean por tener su espacio en tu yo. El problema es que en esta pelea es tu yo el que sale despedazado.

19. ¿Problemas de activismo? La cuestión no reside en hacer muchas cosas, sino en hacerlas sin Dios. Entonces es un hacer para el absurdo, y este absurdo a su vez te deshace a ti.

20. Los discípulos de Jesús aprenden de Él, que es su Maestro, a velar en sus tinieblas hasta llenarlas de luz. “Y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron” (Jn 1,4).