Amanecer invernal

Fotografía: Peter Miller (Creative Commons)

1. Dejar de lado en el propio corazón la cuestión de la existencia o no de Dios es como dejar sin pies y manos a un atleta.

2. No hay mayor carencia de un hombre que la de no aprender a estar a solas con Dios. Se dará cuenta de ello cuando todo lo que le rodea le sea extraño.

3. Conforme el tiempo va arañando y dejando al descubierto la farsa existencial a la que hemos dado tanto crédito, más libres somos para abrirnos a la Vida.

4. Dios es belleza sin canon, por eso sus hijos disfrutamos de una riqueza interior única, personalizada. Es belleza creadora que nos hace crecer continuamente ante nuestro Padre.

5. El aliento de Dios vaga por los entresijos de nuestras entrañas buscando la forma de posarse en nuestras heridas.

6. Nada hay que despedace tanto nuestra identidad como la sumisión a la gloria humana. Sale muy caro abrazarse a ella, ya que sus portavoces dictan inmisericordamente cómo tienes que ser y actuar para tener derecho a sus adulaciones.

7. Cuando por obra y gracia del Espíritu Santo aprendemos a encontrar en el Evangelio el alimento de nuestra alma, entonces ya podemos decir asombrados que participamos de la vida de Dios.

8. El Espíritu sopla donde quiere, dice el Hijo de Dios; mas sólo alcanza a quien lo quiere. Siempre habrá personas que crean que no necesitan a Dios. Volar no es para todos.

9. Nada más grande que el Amor, y nada como amar eternamente. ¿Estamos hablando de Dios? ¡De quién si no!

10. Orillar ofensas con la suficiente grandeza de alma hasta que pierden su veneno. He aquí una de las muchas cosas que Dios quiere hacer por ti.

11. Cuando nos vienen a la mente el daño que hemos hecho a alguien y no hay cómo repararlo, podemos mirar al Crucificado y pedirle que sane las heridas a quien se las hemos causado.

12. Un discípulo del Hijo de Dios es brújula para su hermano; siempre podrá enseñar a alguien a peregrinar hacia la imagen de Dios de la que es portador.

13. El mal existe y a todos alcanza. Para unos es un muro compacto contra el que tarde o temprano estampa su vida. Para otros, como una tela sutil que termina por rendirse ante sus pasos. Así se rindió el mal ante el Señor Jesús, así se rinde ante los suyos.

14. Un verdadero discípulo de Jesucristo despierta en todos aquellos que le conocen el deseo de conectar con ese Alguien de quien dicen que pasan.

15. Nada tan bello y gratificante como viajar al interior de ti mismo y encontrar las huellas que Dios dejó en tu alma.

16. La sencillez evangélica trae siempre consigo ese toque de nobleza que libera victimismos y rencores. Impresionante la sencillez de María. Una más en Nazaret… ¡y con el Hijo de Dios en su seno!

17. Dios es tan soberano, tan libre de prejuicios, que se encarna por medio de su Palabra en todo aquel que le busca sinceramente haciendo caso omiso de su historial.

18. Gritar para espantar soledades, llenar horas para intentar ignorar la Presencia reclamada por el alma. Parece que somos expertos en mentir y mentirnos.

19. ¿Se puede medir la ansiedad de quien ha dado el cambiazo a su alma? Ella tiende hacia la trascendencia y, sin embargo, está amarrada a ras de tierra.

20. Nadie hace más por la dignidad de su hermano que aquel que le transparenta a Dios. Sin lecciones, casi sin percatarse de ello…