Vidriera de Notre Dame

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

1. Las palabras rumorosas de las Santas Escrituras dejan de ser eso mismo, rumorosas, para hacerse espíritu y vida en todo aquel que va hacia ellas con toda la fuerza de su alma y de su ser… se llama Amor, así, con mayúscula.

2. Dice el refrán en sentido negativo que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. En sentido positivo podemos afirmar que tanto va el cántaro vacío del alma a las Santas Escrituras que al fin se llena de las aguas vivas que por ellas corren.

3. Demasiadas historias insulsas ponen ante nuestros ojos los medios de comunicación. Tendríamos que recluirnos en un agujero para que no nos rozasen. Existe, sin embargo, una historia del hombre con Dios. En nuestra insensatez, hemos aceptado que no tenemos tiempo para tejerla.

4. Me apasiona la ley de la gravedad por más que mis impulsos me lanzan hacia arriba. Sin embargo, debo dejarme llevar por la ley de la gravedad, consentir en descender y descender, porque allí abajo, en el último lugar, el que ocupó Jesús, es donde Dios me espera.

5. A partir de los veintitantos años todos miran y analizan las empresas de todo tipo, grandes, medianas y pequeñas, con la esperanza de encontrar una plaza en la que colocarse. En la empresa de la Vida, la Alegría perfecta, hay una plaza reservada para cada uno con su nombre escrito, y no le damos importancia.

6. La capacidad que tiene el hombre de aburrirse no tiene límites. Siempre los mismos desfiles de vanidades, quimeras, siempre las mismas soluciones a medio o muy corto plazo. Todo este sin fin de esfuerzo para soportar tanto desfile, ¿no es ridículo?

7. Hombre sabio es aquel que vence al Tiempo; hombre necio es aquel a quien el Tiempo le tiene sometido. El que vence al Tiempo es sabio porque en su devenir temporal por el mundo hizo alianza con el Eterno, por eso sometió al Tiempo.

8. Un hombre enamorado de Dios es aquel que intenta contener su alma para no tocar la de Aquel a quien ama. Vano intento, Dios mismo se acerca a él y, al igual que a Tomás, le dice: Acércate, toca mi costado, de su abertura nacieron las fuentes eternas que riegan tu alma.

9. Satanás pone en el corazón de todo hombre llegar a ser el centro de todo lo que le rodea. Terrible noticia, porque todos buscamos ser el centro aun a costa de los demás. Bastante necios somos si no nos damos cuenta de que con su Encarnación, el hombre es el centro del mismo Dios.

10. Mirar al Crucificado con tal amor que lleguemos a ver brillar su rostro masacrado con tal esplendor que podamos suplicar con el salmista: “Dios mío, que brille tu rostro y nos salve” (Sl 80,4).

11. Pobre es todo aquel que considera el Evangelio como su real y verdadero patrimonio, y es por eso que se deja evangelizar. A estos hombres, sabios por excelencia, se refirió Jesús al proclamar: Los pobres son evangelizados (Lc 4,18).

12. Nos cargamos más y más de obligaciones como si fuésemos imprescindibles, sin detenernos a pensar que el único de quien nuestro corazón no puede prescindir es de Dios. Corremos el peligro de olvidarnos y quedarnos sin la Hoguera en la que Dios nos hace para Él.

13. Nuestra sensibilidad está orientada a saborear lo que Dios ha puesto a nuestro alcance. Damos un paso más y decimos que la sabiduría consiste en saborear al mismo Dios; aunque parezca idílico, su Palabra y sus Sacramentos desprenden su sabor.

14. Pamelas para las grandes fiestas, sombreros como parte del uniforme en distintas graduaciones, coronas que se lucen en los carnavales… No está mal, mas todo es paja y viento al lado de la diadema inmortal con la que Dios corona a los suyos (Ap 22,4).

15. Queremos descubrir a Jesús en el otro siempre que éste resplandezca con su luz; el caso es que el otro a quien somos enviados no tiene el rostro del Resucitado, sino el del Crucificado, y esto nos echa para atrás. Si a pesar de ello nos acercamos a él ya podemos decirle a Dios: ¡Señor, te amo!

16. San Pablo dice a los que acogen su predicación que son miembros de la familia de Dios. Esto es la Iglesia, la de Jesús, no la que posteriormente inventaron algunos que se creyeron reformadores. La Iglesia de Jesús será la gran familia de Dios, aunque algunos de sus hijos no estén a la altura, como pasa en todas las familias.

17. Nadie puede redimir a nadie, tan solo el Hijo de Dios; y pagó nuestro rescate con su sangre. Pero ser una pieza en el engranaje de la salvación del mundo como los son los verdaderos discípulos del Señor Jesús, es algo grande, realmente grande. ¿No?

18. Dice san Buenaventura que la Iglesia se formó cuando Jesús fue atravesado por la lanza del soldado. A Él, pues, tenemos que mirar, como profetizó Zacarías 12,10. Sí, a Él, no a aquellos miembros de la Iglesia que su indignidad e incluso apostasía práctica, la deforman.

19. El que se vuelve a Dios con todo el corazón y con toda su alma (Tb 13,6), abre todo su ser a una experiencia única rebosante de grandeza e intensidad, no digamos ya de belleza y dignidad; la experiencia de ver con sus ojos que Dios se había vuelto antes a él.

20. Así como al anochecer las tinieblas cubren lo que horas antes era perfectamente visible a nuestros ojos, también en la prueba nuestra mente y nuestro corazón se cubren de sombras. El verdadero y noble amante de Dios sabe esperar el amanecer porque sabe que verá su rostro. El verdadero amante de Dios “tiene tomada la medida a Satanás”.