Reflejo de una vidriera

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

1. Hemos de estar muy atentos a la tristeza que dejamos acampar en nuestro corazón, pues nos puede llevar a extraer de ella dardos contra quienes nos la han provocado.

2. Cuando un hombre guarda y ama intensamente la Palabra de Dios (Sl 119,167), Él se acerca a su alma y le hace confidente de su Misterio.

3. “Compadécete de estas ruinas sin remedio”, suplica el salmista (Sl 74,3). ¡No tiene remedio!, dijo el hermano mayor acerca del hijo pródigo a su padre. Sí que lo tiene, le respondió Él, y le estuvo esperando hasta que volvió.

4. Ir al encuentro de Dios con la ilusión de quien va invitado a una fiesta, con la diferencia de que las fiestas normales se acaban; ésta, preparada por Dios para ti, una vez que entras en ella no tiene fin.

5. Dios se muestra a sus buscadores abriéndose en su Palabra. Los buscadores le corresponden abriendo los oídos de su corazón. He ahí el secreto de la comunión íntima entre tú y Dios.

6. Cuando somos golpeados por el sufrimiento y hasta Dios nos parece un espejismo (Jr 15,18), de poco nos sirven los milagros que nos hayan contado. Sólo nos ayudan las huellas que Él dejó en su paso por nuestra alma.

7. Dios convierte en llamas la predicación de sus sacerdotes para que las mechas mortecinas de los que las escuchan vengan a ser hogueras.

8. Nuestra realidad interior puede ser un gran y alborotado mercado lleno de curiosos, o un oasis en cuyo centro mana una fuente de agua cristalina que llena de vida a los que nos rodean.

9. Vivir sin desarrollar nuestra creatividad implica repetir con otros colores lo que, a su vez, otros ya repitieron. La fuente de la creatividad está en el alma que necesita ser cultivada para poder crear.

10. Un hombre irreductible al pensamiento único que los medios de comunicación nos intentan imponer desde sus atalayas es un hombre libre, lo suficientemente libre como para decir sí a Dios.

11. Cuando una comunidad de discípulos comparte la Palabra de Dios, diríamos que piensan juntos acerca de ella pero no lo mismo. El Maestro, el Exegeta de la Palabra, enseña a cada uno su propio ángulo aun siendo el mismo texto.

12. Una persona que a la mitad de su existencia no ha dado aún con su sensibilidad interior, la que es propia de su alma, mucho me temo que hasta entonces se ha dedicado a no existir.

13. Todo hombre que intenta adaptar las Sagradas Escrituras a su mente, termina convirtiéndolas en un tratado religioso novelado y de pésimo gusto; un ídolo más domesticado a su antojo.

14. Un hombre que hace la experiencia de haber sido redimido por el Hijo de Dios está lo suficientemente fortalecido para afrontar todos los temores que, de una forma u otra, nos atenazan a todos.

15. Decía san Ireneo ya en el siglo II: “Nuestro pensamiento está plenamente de acuerdo con la Eucaristía; y la Eucaristía, a su vez, confirma nuestro pensamiento”. Así es, la razón, iluminada por el alma, se abre al Misterio de Dios.

16. Amar al otro en la dimensión del Evangelio. Parece un titular más de usar y tirar pero no es así; es la única posibilidad que tenemos de parecernos a nuestro Maestro. No tengamos miedo, Él mismo nos capacita.

17. Contra los falsos testimonios que frecuentemente recaen sobre los discípulos de Jesús, su mayor defensa no es otra que la de su propia vida, su grandeza de alma.

18. Jesús o Barrabás, la fuerza del amor o de la violencia, ¿a quién de los dos escogemos para triunfar en la vida? Parece que la inclinación por Barrabás sigue, continúa ganando ampliamente.

19. Toda maldad frena el crecimiento del hombre y su dignidad. Ahora bien, aquel sobre quien recae la maldad tiene quién le levante y consuele: Jesucristo. Depende de cuánto se confíe en Él.

20. Es legítimo defenderse de toda calumnia, por supuesto que sí. Hay, sin embargo, quienes remiten a Jesús la defensa de su causa para no oscurecer su confianza en Él: son sus discípulos.