Crucificado

Fotografía: MichaelGaida (Creative Commons)

1. Cuando el alma aprende a saborear a Dios en su Palabra se hace candorosamente caprichosa, no se cansa de tener más Dios en ella. Está en su derecho, Dios es amor infinito y le encanta darlo.

2. Sin percatarse de ello, Pedro, al decir a Jesús “por tu Palabra -porque tú me lo dices- echaré la red” (Lc 5,5), imitó perfectamente a María cuando respondió al Ángel: “Hágase en mí según tu Palabra”.

3. Nuestra alma sólo puede descansar en la Plenitud; de ahí la necesidad de abrazarse al que es la plenitud de Dios: Jesucristo (Col 1,19). Recordemos que en su Evangelio subyace la plenitud del Hijo de Dios.

4. Sólo cuando los de nuestro entorno nos ven apoyados en Dios, verán con sus propios ojos que realmente existe la Roca en la que es posible cimentar su existencia.

5. Emmanuel significa “Dios con nosotros”. Jesucristo se hizo uno con nosotros para que cada hombre pueda llegar a ser uno con Él. Así es, Dios con nosotros y nosotros con Dios.

6. Un discípulo de Jesucristo es como una botella de vino exquisito que Él descorcha y da a probar a los que le buscan. Un discípulo de Jesucristo ayuda a los hombres a saborear a Dios.

7. Al pedir Jesús a Pedro “apacienta mis ovejas”, le está traspasando la misión recibida de su Padre: dar al hombre las palabras que de Él había recibido para alimentar a sus discípulos (Jn 17,8).

8. Al abrir los ojos a los ciegos, Jesús nos está mostrando un signo impresionante: Que todo aquel a quien cure de su ceguera tendrá la luz de lo alto para reconocer su Misterio en las Sagradas Escrituras.

9. Rendirse ante la seducción de Dios como Jeremías (Jr 20,7), nos embarca en una travesía de amor que se abre a la experiencia de una pasión inmortal y acorde con las infinitas exigencias del alma.

10. Recibida la llamada de Jesús, los apóstoles dejaron sus redes y le siguieron (Mc 1,16…), ya se encargaría Él de liberarles pacientemente de las redes que aprisionaban sus corazones.

11. Desde el templo de la gloria de Dios que es el Evangelio de Jesús, el discípulo va entrando progresivamente en lo más genuino de su naturaleza: llegar a ser en Dios. Evangelio de la gloria de Dios, le llama Pablo (1Tm 1,11).

12. Decía san Benito que jamás había que desesperar de la misericordia de Dios. A la luz de nuestros pecados, si tenemos que escoger entre la misericordia de Dios y la de los hombres, creo que nadie tiene la menor duda.

13. El que realmente busca a Dios es de fiar; una vez que lo encuentra, se vuelca totalmente en Él y en hacer su voluntad, que consiste en volcarse a su vez hacia los hombres.

14. Los verdaderos discípulos de Jesús desconfían y se alejan de los pastores extraños, porque los pastos que éstos ofrecen son extraños a lo que realmente buscan, a lo que necesita su alma.

15. Si nuestra experiencia de Jesucristo como Señor no es existencial, su Evangelio sería algo así como una carga contra nuestra voluntad que, tarde o temprano, nos quitaríamos de encima.

16. Vive tu vida, se nos dice multitud de veces en los más diversos medios de comunicación. Habría que añadir: mientras dure o mientras le encuentres gusto. Participa de mi Vida, te dice el Señor Jesús.

17. Queremos ser cristianos y al mismo tiempo ir de la mano de los fantasmas/fantasías que adora una buena parte de la sociedad. No desertemos de la Trascendencia, sepamos escoger.

18. He sido alcanzado por Jesucristo, confiesa gozoso san Pablo (Flp 3,12). Sí, el Señor Jesús se encarnó para alcanzarnos, y nosotros a veces alzamos nuestras manos posesivas intentando alcanzar globos, sólo globos de aire.

19. Revelaciones de Dios e intuiciones del alma van juntas para el crecimiento de nuestra fe. Si no fuese así y nos diera por hacer cosas raras, ni son revelaciones de Dios ni el alma tiene nada que ver.

20. Todo hombre que acoge la Palabra de Dios ve cómo su humanidad se reviste progresivamente de cierta divinidad; es normal, ya que al acoger la Palabra, acoge a Dios como huésped.