Mariposa

Fotografía: esiul (Creative Commons)

1. Tendríamos que ser lo suficientemente audaces para saltar en el vacío aparente con la esperanza de que nos acoja la mano de Dios. Sabríamos entonces que la vida que nos regala no tiene desperdicio.

2. El sentir de la mayoría no suele coincidir con la verdad. Todo aquel que emprende el camino del seguimiento a Jesús tendrá que decidirse por Él o por el sentir de la mayoría.

3. Bienaventurados aquellos que, enseñados por su Maestro y Señor, buscan y encuentran en las Escrituras el Espíritu invisible que habita en ellas. Sí, bienaventurados porque ellos visibilizan lo divino que hay en el hombre.

4. El que aun consciente de su debilidad decide hacer del Evangelio el Alma de su alma, conoce el sabor contemplativo de la vida. Un sabor que le hace crecer a la par del Espíritu Santo que le eleva.

5. Una sociedad tan compulsiva como la nuestra nos induce y hasta presiona a vivir experiencias no pocas de ellas de dudoso gusto, con el peligro de crear en nuestro interior un vacío inhóspito… porque falta el Huésped.

6. Preciosa la frase de Dostoievski: “El mundo se salvará por la belleza”. Pensemos un poco: Si la belleza que alcanzamos a percibir es tan fascinante, ¿cómo será la que Dios imprimió en nuestras entrañas y que llevan sus huellas?

7. La paz interior no implica en absoluto encerrarse en sí mismo neuróticamente. La paz que nos da Jesucristo nos lleva, como dijo san Francisco, a ser instrumentos de gozo y equilibrio entre los hombres.

8. Un discípulo de Jesús es Eucaristía para el mundo. Gracias a él los hombres saben que Dios pasa a su lado. Después le pueden aceptar o rechazar; sea como sea, el discípulo sigue siendo Eucaristía, Presencia de Dios.

9. Dios permite que durante un tiempo sus mejores amigos maduren y crezcan en un celemín (Mt 5,15). En esta que podríamos llamar gestación, los verdaderos buscadores de Dios los reconocen y los escuchan.

10. Es muy difícil imaginar que una persona se desarrolle integralmente sin tener contacto con el Dios vivo. No digo esto para juzgar a nadie, sino para apremiar a los que han sido llamados por Él a hacer visible su Presencia.

11. Es muy propio de Dios el comunicarse con el hombre más a través del espíritu que con sus sentidos, nos dicen los grandes santos; además, los sentidos tienen su propia vulnerabilidad respecto a las fantasías.

12. Señor, quiero buscarte hasta dar contigo. Conozco el recorrido de las conquistas humanas y prefiero las tuyas; prefiero alcanzarte, conquistarte a ti a que los dioses me alcancen y me conquisten.

13. Cuando hemos tratado mal nuestra propia vida, sin metas altas y sin Dios, ella nos arroja al vacío, y sentimos cómo caemos sin red que nos proteja. Aun así, nos es dado suplicar: ¡Señor mío y Dios mío!

14. Así como un ciego de nacimiento no puede hacerse una idea de lo que sean los colores, también el que no crece en la fe que emerge del Evangelio no puede concebir cómo pueda ser el Rostro de Dios, su Misterio y su Belleza.

15. El mayor peligro que acecha al hombre que se jacta de sus presuntas buenas obras es servirse de ellas para marcar distancias con los demás, y llegar a despreciarles como el fariseo citado por Jesús (Lc 18,9…).

16. El que cayendo grita al Señor, vive una experiencia divina y también humana. Divina porque reconoce la mano de Jesús elevándole hacia Él, y humana porque el impulso de su Señor se une al suyo.

17. Decidirse seriamente a cultivar la vida del espíritu tiene que ver con la calidad de la adoración más que con la cantidad. El sello de la calidad lo vemos en María: ¡Hágase en mí según tu Palabra!

18. En presencia de Dios se estremece la tierra, dice el salmista (Sl 114,7). En presencia de Dios se estremece el alma casi hasta la extenuación, como testifican tantos amigos de Dios a lo largo de la historia.

19. Un buscador de Dios tiene la sabiduría para detectar todo aquello, incluido personas, que se interpone en su camino hacia Él. No les desprecia, pero con una delicadeza exquisita les hace ver cuál es su prioridad: Dios.

20. El alma que, como dicen los Padres dela Iglesia, tiene su propio olfato cuando verdaderamente quiere encontrarse con Dios, es capaz de percibir la suave fragancia que emanan sus palabras.