Cruces

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

Dios ama infinitamente a todos sus hijos y busca atraernos hacia Él. El salmista totalmente atraído por Dios habla así: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti Dios mío”, “cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba”.

Dios nos lleva al desierto para seducirnos y hablarnos al corazón. Cuando el Señor dice que nos va a llevar al “desierto”, está queriéndonos decir que tenemos que buscarle en el silencio de nuestro corazón, o mejor dicho, que tenemos que hacer silencio en nuestro corazón para que Él pueda hablarnos.

Satanás, trata también de ejecer su seducción por medio de engaño para que no escuchemos la voz del Señor. El mismo Jesús experimentó las tentaciones del príncipe de la mentira cuando estaba en el desierto, pero lleno de la Sabiduría divina fue venciendo cada una de las tentaciones a las que fue sometido y no sucumbió a ninguna de éllas, “No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. Pedimos al Señor que la fuerza de la seducción engañosa de Satanás no tenga ningún poder en nuestras vidas como tampoco tuvo ningún poder en Jesús. Satanás intentó en varias ocasiones desviar a Jesús de su Misión redentora y esto es muy importante tenerlo en cuenta porque el tentador va a intentar por todos los medios apartarnos de la voluntad de Dios. Hay que estar muy atentos para poder rechazar toda propuesta que no venga de Dios.

Con la Sabiduría, la Fortaleza de Dios, no huiremos de nuestra cruz, la que el Señor permite para nuestra salvación. Jesús nos ayuda a llevar nuestras cruces. Jesús nos dijo: “Cuando sea levantado en alto, os atraeré hacia mí. “Nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, ni el sufrimiento, ni la persecución… nada ni nadie podrá apartarnos del amor de Dios”.

¡¡¡Qué bellas tus Palabras Señor!!!, pues son las únicas que tienen Vida Eterna. ¡¡¡Cuánto amamos tus Palabras Señor!!! Señor queremos escuchar tu Voz. Como el profeta Samuel, te decimos: “Habla Señor, que tu siervo escucha”.