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Fotografía: Dario Sanches (Creative Commons)

Resulta muy curioso observar cómo muchos jóvenes se visten igual y sin embargo todos piensan que visten diferente y son originales. Realmente creen que van distintos entre sí. La moda es un claro ejemplo del funcionamiento de la mente común, pero eso es lo de menos: lo que resulta chocante es cuando alguien trata de llamar la atención de los demás con su forma de vestir, expresarse, etc.

La primera pregunta que yo haría es:

¿Acaso tiene derecho a reclamar la atención de los demás?… …Bien, supongamos que sí, que tiene derecho. Entonces el problema es nuestro si nos escandalizamos o nos incomodamos.

La realidad es que en el fondo todo el mundo intuye que si alguien llama la atención con su imagen, es porque algo quiere de los demás, porque algo quiere demostrar o manifestar, y eso suele hacer que los demás tomen una actitud de cautela ante quien muestra esa imagen que reclama atención.

Desgraciadamente en la TV cada vez se ven más personas que visten y hablan de forma extravagante buscando así la atención de los demás; parece que a algunos realizadores o directores se les están acabando las ideas.

El lema que tiende a imponerse hoy en día es “viste como quieras, sé tu mismo”, como si sólo en la imagen física estuviera la verdadera identidad de una persona. Y aunque eso no es verdad, lo cierto es que la imagen física casi siempre refleja otro aspecto más sutil o mental del individuo.

Un cristiano consecuente no debería vestirse para sí mismo, sino para los demás, para aquellos a los que muestra su imagen.

Esto mismo se lo dije hace años a un compañero becario que pusieron a mi servicio en la oficina y cuya forma de vestir llamaba la atención, y todavía hoy me recuerda mis propias palabras “vístete para los demás”, cuando alguien le dice que está elegante.

La palabra elegancia, tiene el mismo origen que elegir, y elegir no implica sólo la vestimenta, se elige constantemente, esa es una ley. Elegancia sería la cualidad de elegir bien.

Jesucristo dijo que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo encerraba el conocimiento de la Ley y los profetas.

Y desde estas letras invito a comprobar a que elijas la vestimenta, los libros que lees, la música que escuchas, las palabras que utilizas, las compañías que frecuentas y el trabajo y la decisión que has de realizar en cada momento, pensando en estas palabras de Jesús, es decir, por amor a Dios y a los demás.

Verás que haciéndolo de esta forma, estarás del lado de la Ley y que necesariamente elegirás bien sin incomodar a ningún hombre justo, y entonces, sin lugar a dudas, simplemente todo el mundo reconocerá que eres:… …“Un tipo elegante”.