Señor de las Penas

A lo largo de los siglos, las imágenes evocadoras de lo divino y espiritual, han estado presentes y han sido usadas por nuestra Santa Madre Iglesia como vehículo y catequesis en la enseñanza de nuestra religión cristiana. Las imágenes (esculturas, pinturas…) han sido y son un fantástico puente para acercarnos a Cristo, a la Virgen y a los santos por medio de la oración. Aunque no constituyen el fin de la misma, sí obran como medio para llegar a tener una fluida comunicación con nuestro Señor.

En un principio, basándose en el Antiguo Testamento, se rehuía de las imágenes que pudieran relacionarse con lo sagrado, pero poco a poco se vio necesario y la capacidad humana las creó para bien y gloria de Dios. Hoy en día, también nos ayudan a nosotros como creyentes, a pedir y dar gracias al Padre y a la Virgen Santísima. Así, a lo largo de los siglos y, muy favorecida por la piedad popular, la fe y amor a lo Sagrado de nuestras creencias, se ha extendido y ha calado en muchos pueblos. Merece una mención muy especial lo referente a la piedad popular, conducto de la fe sencilla y humilde. Para nuestro Papa, Benedicto XVI “la religiosidad popular es el humus sin el cual la liturgia no puede desarrollarse. Desgraciadamente muchas veces fue despreciada e incluso pisoteada por parte de algunos sectores del Movimiento Litúrgico y con ocasión de la reforma postconciliar. Y sin embargo, hay que amarla, es necesario purificarla y guiarla, acogiéndola siempre con respeto, ya que es la manera con la que la fe es acogida en el corazón del pueblo, aun cuando parezca extraña o sorprendente. Es la raigambre segura e interior de la fe”.

Teniendo en consideración las palabras del Sumo Pontífice, las devociones a las imágenes sagradas son un hecho palpable y cercano. Las imágenes son como “fotografías” de Cristo, de la Virgen y ¿a quién lo le gusta tener una foto de las personas a las que quiere? Es conmovedor e impactante a la vez, cómo las personas “quieren” a las imágenes que le dan mucha devoción y cómo interpele a los que las ven por primera vez.

No desprestigiemos, pues, la devoción a las imágenes y su utilidad en la oración, pues para muchos es apoyo indispensable y para otros puede ayudar en la oración, cuando solos ante la intimidad de Dios, tengan dificultades y sea necesario un empujón. El Señor es omnipresente; está en todo lo bueno que nos rodea y en todos los lugares consagrados a Él. También en las imágenes y por ello podemos venerarlas con la tranquilidad de que lo ve con buenos ojos, y más importante aún, con el Corazón.