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Cristo abrazado a la cruz (El Greco)

Primera Estación.-
JESÚS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS (Mc 14, 32-36)

Getsemaní significa “lugar de la trituración”. Jesús es “triturado” por Amor, un amor que le lleva a cumplir la voluntad del Padre y a “dar la vida” por los hermanos.
Getsemaní es la Pasión de su Corazón en este huerto; dice Lucas: “como de costumbre” fue a orar, vive el misterio del amor redentor, de un amor que le lleva a decir “SÍ” sin condiciones a la voluntad del Padre. “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya” que no por amor busca consuelo en los amigos, la profunda humildad de Dios y a “sudar gotas de sangre” para recordarnos lo que le cuesta al Señor nuestra vida. Sólo en la medida en que nos acerquemos al Amor de Dios,  a “su locura” por nosotros y por nuestra salvación, entenderemos lo que pasó en Getsemaní, donde Jesús “se muere de tristeza”.
 
 
Segunda  Estación.-
JESÚS ES TRAICIONADO POR JUDAS Y ARRESTADO (Mc 14, 43-46)

El gran drama del Corazón de Cristo es la traición de Judas, que hasta el final le ha llamado “Amigo”. Jesús ha visto el proceso de pecado y de alejamiento de Judas de su Amor, y sin embargo, el Señor, respetando su libertad, trata hasta el final de atraerlo hacia su Corazón. La Pasión es el Misterio del Amor loco de Dios que se encuentra con la frialdad y traición de los suyos “Vino a los de su Casa y los suyos no le recibieron”. Judas es rodeado por el Amor y la Ternura de Jesús hasta el final, que nos introduce en el Misterio que a veces podemos vivir todos, el ver que las personas que amamos, delante de nosotros parece que se pierden, y poco podemos hacer. Sólo rezar y confiar en el milagro.
 
 
Tercera Estación.-
JESÚS ES CONDENADO POR EL SANEDRÍN (Mc 14, 32-36)

Jesús es rechazado por su pueblo, por los religiosos y hombres aparentemente buenos de su época. No le condenan los de siempre, sino aquellos que podían sintonizar más con su mensaje de Amor, de perdón. El Sanedrín es representante de Dios, del pueblo de la Revelación, y sin embargo se encuentran muy lejos de su Corazón. La condena del Sanedrín es un misterio que cuando lo vivimos es el mayor sufrimiento y es el aparente rechazo de Dios hacia nosotros, hacia nuestra vida. Sólo la esperanza de que “la verdad padece pero no perece”, que decía Santa Teresa, puede ser una luz al final del túnel, pero que no nos quita el atravesar la ladera oscura de la vida y del dolor.
 
 
Cuarta Estación.-
JESÚS ES NEGADO POR PEDRO (Mc 14, 66-72)

El tentador ha entrado en la vida de Pedro, el primer Papa, cuando al principio “le sigue de lejos”. A Jesús nunca hay que seguirle de lejos. Tenemos que acercarnos cada vez más a “los sentimientos de su Corazón”. Pedro se mete en la boca del lobo de la tentación, y comete otro gran error, ante aquellas criadas que se calentaban al fuego de la noche de aquel primer jueves santo de la historia. ¿Tú eres de los suyos? Pedro comete el pecado que llorará toda su vida, que no es pecado contra la fe, no niega la divinidad de Jesús, ni que sea el Mesías, niega su amistad, que no lo conoce. ¿Es verdad, Pedro, que no lo conoces? Pero también comete un pecado con la Iglesia naciente, yo no soy de los que se van con ese, no soy de los suyos. ¡Qué misterio, el primer Papa no acepta la misión de apacentar a sus hermanos! Sólo el Amor y la reconciliación harán el milagro de la vuelta a su Corazón y de su conversión que reparará con la entrega de su propia vida tanta cobardía.
 
 
Quinta Estación.-
JESÚS ES JUZGADO POR PILATO (Lc 23, 1-4, 23-24)

Si a Jesús le rechaza el poder religioso en un juicio sin misericordia, aquí lo rechazará el poder político. Pilato hace un juicio sin justicia. Pilato representa todos los poderes de todos los tiempos que son capaces de cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder y en sus privilegios. El Señor se enfrenta solo con la verdad de su persona y de su Amor con todos los poderes fácticos que seguirán sin importarle muchas veces las personas y a veces jugando con los pobres y necesitados. Pilato había caído en desgracia en esta provincia romana, pero no sabía que negar a Dios es hundirse más todavía en la nada como dice la Imitación de Cristo: “Cuando huimos de las cruces, podemos encontrarnos con otras mucho peores”.
 
 
Sexta Estación.-
JESÚS ES FLAGELADO Y CORONADO DE ESPINAS (Mt 27, 26-30)

Flagelado como se hacía con los maleantes y ladrones, pues es “contado entre los malhechores” y coronado de espinas, porque sólo en la Pasión Jesús se va a mostrar sin miedo y sin tapujos como Rey, pero “mi reino no es de este mundo”, es decir, no es al estilo de este mundo. Su corona es un amor que cuesta. Su cetro, la cruz. Su reino, una llamada como Él para abrir el Corazón. Jesús flagelado y coronado de espinas es la identificación total con todos los flagelados por la injusticia del mundo y todos los coronados por las espinas de tantas cosas que no nos dan ni un gramo de felicidad y que tanto buscamos.
 
 
Séptima Estación.-
JESÚS CARGA CON LA CRUZ (Jn 19, 16-17)

Más bien se abraza a la cruz como nos lo presenta el cuadro del Greco. Abrazado a la cruz porque la cruz soy yo, y Él, como Buen Pastor, nos abraza contra su Corazón. Jesús carga con la cruz, que está representando todo lo que el hombre ha sembrado con su pecado, que es el dolor y la muerte. Jesús carga con lo que el hombre ha ganado a pulso y haciéndolo suyo y cargando sobre sus hombros como oveja perdida nos ha traído la verdadera salvación.
 
 
Octava Estación.-
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRINEO (Mc 15, 21)

El Cirineo primero de la historia es el mismo Jesús que es siempre el que nos ayuda a llevar por amor todas las cruces. Ayudar a Jesús a llevar la cruz es inaugurar el camino de “todos los cirineos” del mundo que ayudan con su entrega y su sonrisa a construir un mundo nuevo. ¿Por qué no agradecer a Dios todos los cirineos que ha puesto en mi vida? Cirineo es aquel que desde que nacemos hasta el último suspiro ha estado a nuestro lado y nos ayuda a llevar el peso duro de la vida. Es aquel que nos enseña que podemos olvidar con quién reímos, pero nunca con quién lloramos.
 
 
Novena Estación.-
JESÚS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN (Lc  23, 27-28)

El Texto del Antiguo Testamento nos presentará la queja del profeta: Busqué quien me consolara y no lo encontré. Jesús acepta el gesto de amor sensible de aquellas mujeres, y ocurre como siempre el milagro que cuando tratamos de consolar somos nosotros los consolados. Cuando tratamos de dar, somos los que más recibimos; cuando nos entregamos, somos siempre nosotros los más beneficiados. En el camino de la vida el encuentro con los amigos, con personas que nos escuchan y “lloran con nosotros”, es siempre hacer más soportable las cruces de la vida, sobre todo nos ayudan en el encuentro con el Amor de Dios.
 
 
Décima Estación.-
JESÚS ES CRUCIFICADO (Mc 15, 24-26)

Cristo crucificado es la mayor declaración de Amor de Dios al mundo. Es el “te quiero” permanente del Señor a cada uno. Es un amor que “da la vida”, que no se echa atrás ante el dolor con tal de declararnos el Amor. Está crucificado y es la mayor declaración de Amor de Dios hacia ti, hacia la humanidad. Sólo los que descubren que son amados de esta manera total y sin rebajas, han descubierto que el Crucificado es la mayor expresión de Amor de Dios, de su locura, de su Amor sin rebajas, un amor que “da la vida” por todos.
 
 
Décima Primera Estación.-
JESÚS PROMETE SU REINO AL BUEN LADRÓN (Lc 23, 39-43)

Un apóstol, Judas, se convierte en ladrón; un buen ladrón se convierte en Apóstol. “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. ¿Qué ha ocurrido? Sencillamente, ha mirado y se ha dejado mirar por Jesús. No se ha mirado a sí mismo, no ha tratado de justificarse, no se ha hundido en una estéril culpabilidad, desde su realidad de “ladrón” ha robado el Corazón a Cristo, se ha convertido por su bondad en ladrón de su Corazón. Sólo el Amor de Jesús puede transformar nuestra vida.
 
 
Décima Segunda Estación.-
JESÚS CRUCIFICADO, LA MADRE Y EL DISCÍPULO (Jn 19, 26-27)

A la Virgen que llega a las bodas de Caná como Madre (Jn 2), Jesús la ha convertido en discípula y es la Virgen del Silencio, después de haber dado su testamento: “Haced lo que Él os diga”. Ahora junto a la cruz que ha llegado como discípula, vuelve otra vez a ser proclamada como Madre. “Mujer, ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu Madre”. Ahora se ha convertido en la Madre de toda la humanidad, de todos los hombres, de la Iglesia, representada en Juan, “el discípulo amado”; Juan junto a la cruz, “carisma petrino”, es la Iglesia que junto a María, “carisma mariano” de la Virgen y Madre de Dios y Madre nuestra acoge el testamento de su Amor, y sobre todo de su entrega sin condiciones para entregar la vida por Amor como nos enseña Jesús crucificado.
 
 
Décima Tercera Estación.-
JESÚS MUERE EN LA CRUZ (Lc 23, 44-46)

La profunda soledad de Jesús que muere como un malhechor. Desprestigiado entre dos ladrones. Si está entre esos dos ladrones, ¿cómo habrá sido su vida? Morir es siempre la asignatura pendiente de nuestra vida. Decía San Agustín que normalmente morimos como vivimos. La muerte no se improvisa. Morir sólo es morir, morir se acaba. Decía Martín Descalzo: “Solo el Amor no muere jamás. ¡No temáis, que detrás de la noche viene galopando el día, detrás de la muerte viene corriendo la Vida!”. Jesús muriendo nos enseña con su vida que “si el grano de trigo no muere, no da fruto”. Nuestra muerte podemos convertirla en fecunda resurrección si nos unimos a su Amor.
 
 
Décima Cuarta Estación.-
JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO (Jn 19, 41-42)

Sólo en la medida en que “nos dejamos en sus manos” nos abandonamos en quien sabemos que nos ama, nuestra vida se transforma. En la medida en que somos capaces de amar “hasta que duele” hasta que podamos morir a nuestro yo, a nuestros propios proyectos y prevalecer en la docilidad al Amor de Dios, nuestra vida se transforma y el sepulcro es la antesala de una vida resucitada. Para llegar a la vida nueva resucitada tenemos que pasar, como dirección obligatoria, por la cruz, por entregar la vida.