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Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

Jesús no dejaba de trabajar… Se pasó toda la noche orando a su Padre para hacer la perfecta elección de los apóstoles, hombres que representarían a toda la humanidad. Y así fue que por la mañana cuando se despertó ya tenía el asunto arreglado.

Llamó a todos sus amigos, aquellos que siempre estaban con él y eran más de 70 los que le seguían.

Yo me imagino a muchos levantando la mano como en el cole:

“¡A mí, a mí, Maestro!” Pero Jesús mirándoles sin “escuchar” y guiado por el Espíritu Santo, eligió a sus 12 hombres (ni una “ñora”), normales por demás pero serían los testigos de su vida y futuros herederos de su Evangelio… ¡¡¡Anda que si no es por ellos, iba yo a estar escribiendo!!!

Empezó llamando uno a uno por su nombre o sacándoles de entre todos por el brazo (no sé). Mirad, parecen nombres españoles… Dijo:

¡Tú, Simón! (a quien llamó Pedro. Sería el primer Papa de la historia de Roma); ¡Tú Andrés, hermano de Simón!, ¡Santiago!, ¡Juan!, ¡Felipe!, ¡Bartolomé!, ¡Mateo!, ¡Tomás!, ¡Santiago, hijo de Alfeo! (que nombre más feo), ¡Simón, el de Caná!, ¡Judas, hijo de Santiago! y ¡¡¡túuuuuuu Judas Iscariote!!! (El bicho humano que llevamos dentro y se muere por los dólares ¡Qué se lo digan al del 5º!)

Yo, gracias a su Evangelio y a Dios, soy de un normal que aplasta ¡Claro que tampoco me ha tocado la lotería!, perdón Señor es broma, pero que no me toque… Sólo un poquito ¿vale?, a ver si la vamos a liar parda…

Y desde aquel día tan especial, los doce siempre le seguirían hasta el último día de la Cena; después por miedo, le dejarían solo. Como nosotros cuando le abandonamos o no le defendemos porque “no se lleva”…

¿Nos importa que nos llamen fanáticos por llevar a Cristo? De mí lo han pensado y dicho… Por un oído me entra y por otro me sale.

¡¡¡Chicos valor!!! Ellos se lo pierden y que nadie nos calle. Jesús se lo merece.