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Diario de un cura rural
4 estrellasTítulo original: Journal d’un curé de campagne
Año: 1950
País: Francia
Duración: 115 min.
Género: Drama
Categoría: Sacerdotes
Calificación moral: +7
Director: Robert Bresson
Guión: Robert Bresson
Música: Jean-Jacques Grünenwald
Fotografía: Léonce-Henri Burel
Reparto: Claude Laydu, Jean Riveyre, Adrien Borel, Rachel Bérendt, Nicole Maurey, Nicole Ladmiral, Martine Lemaire

Un joven sacerdote es destinado a un pequeño pueblo del norte de Francia, donde toma las riendas de su primera parroquia. Allí no es bien recibido por sus nuevos vecinos y tampoco encuentra demasiada ayuda en un curtido párroco de la zona, a quien toma como consejero. A estos inconvenientes se suman su propia inexperiencia y su maltrecha salud, pues sufre una dolencia estomacal que le impide alimentarse con normalidad. Pese a todo, luchará por sobreponerse a estos obstáculos y ejercer adecuadamente su labor pastoral.

El francés Robert Bresson firmó una de sus películas más reconocidas, con esta sobria y personalísima adaptación de la obra homónima del novelista Georges Bernanos. El director ahonda en el alma de un atormentado religioso, que va narrando con voz en off los anhelos y pesares que anota en su diario. Su fragilidad física y emocional, unida a la maldad que observa en su nuevo entorno, le sumergirán en una crisis espiritual. Inmerso en este trance y con severos problemas para orar, intentará dilucidar el sentido del silencio de Dios y los planes que el Altísimo tiene para él.

El relato está marcado por una melancolía, fruto de la confluencia entre el trágico pesimismo de Bernanos y la austeridad inherente al estilo bressoniano. Sin embargo, se trata de una historia de gran calado, acerca de un hombre de firmes convicciones que, pese a sus tribulaciones, no pierde la esperanza de hallar la Gracia. Lo cierto es que, aunque en su sombrío transitar no pueda ver la luz, sabe de su existencia y eso le reconforta. Asimismo, es consciente de la importancia para su rebaño de aquello que representa y del valor de ofrecerse a los demás, como deja constancia cuando, tras mediar para que una afligida mujer se sienta en paz consigo misma, afirma: “Qué maravilla poder dar aquello que a nosotros nos falta. Un milagro de nuestras manos vacías”.

Diario de un cura rural está protagonizada por un debutante, Claude Laydu, en el papel por el que es recordado. Este actor nacido en Bélgica compone a un asceta de mirada perdida y gesto de serena bondad. Entrega una soberbia interpretación, acentuada por la intensidad que imprime Bresson con los primeros planos de su rostro. Laydu repetiría el rol de párroco, poco después, en el título español de Rafael Gil, La guerra de Dios.

Este riguroso largometraje contiene numerosos elementos para la reflexión y muestra el firme compromiso ligado al sacerdocio. De hecho, estamos ante uno de los indiscutibles referentes sobre la vocación sacerdotal, aparte de un imprescindible dentro de la filmografía cristiana. Además, se da la curiosa circunstancia de que era la película favorita de Andrei Tarkovsky; un director que, junto a Bresson, forma parte de la reducida nómina de grandes maestros del cine espiritual.

Diario de un cura rural (fotograma)