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El prisionero
3,5 estrellasTítulo original: The Prisoner
Año: 1955
País: Reino Unido
Duración: 91 min.
Género: Drama
Categoría: Sacerdotes
Calificación moral: +13
Director: Peter Glenville
Guión: Bridget Boland
Música: Benjamin Frankel
Fotografía: Reginald H. Wyer
Reparto: Alec Guinness, Jack Hawkins, Wilfrid Lawson, Kenneth Griffith, Jeanette Sterke, Ronald Lewis, Raymond Huntley

Un cardenal es encarcelado por los dirigentes comunistas de su país, bajo la acusación de traicionar a su patria. En prisión será sometido a un duro interrogatorio, encaminado a obtener una declaración que desacredite su figura y, por extensión, la autoridad de la Iglesia católica. Sin embargo, el que fuera un héroe nacional en la Segunda Guerra Mundial, ofrecerá una firme resistencia a los métodos empleados por sus captores, que acudirán al chantaje para lograr sus objetivos.

Peter Glenville debutó en el cine con la dirección de esta sobria película británica, cimentada sobre el inteligente guión de Bridget Boland. Previamente, Glenville había trabajado en el teatro y, precisamente, para la narración opta por una puesta en escena muy teatral, en la que el peso de la historia recae en unos pocos actores. La cinta se estructura como un tour de force entre el cardenal y su interrogador; un aristócrata, de aparentes buenos modales, que busca el agotamiento psicológico del recluso. El religioso está interpretado con oficio por Alec Guinness, mientras que Jack Hawkins hace lo propio, dando vida a su verdugo. Asimismo, destaca la composición del tosco carcelero representado por Wilfrid Lawson.

Aunque no se hacen referencias expresas a ningún lugar o personaje, el relato se inspira en el húngaro József Mindszenty, cuyo caso fue tratado abiertamente por la producción estadounidense Acusado de alta traición. Además, se ha apuntado a otro cardenal, el croata Aloysius Stepinac, como fuente para el guión. De hecho, el film no pudo verse en tierras yugoslavas, hasta después de la caída del telón de acero.

El largometraje se hace eco del acoso a las libertades religiosas, consumado en países comunistas del Este de Europa, durante el siglo pasado. Se ponen de manifiesto las tácticas para manipular a la opinión pública, mediante argumentos huecos y la utilización de la fuerza, con el fin de socavar la credibilidad de la Iglesia católica. Igualmente, la película muestra el rechazo de los gobernantes a la proclamación de algo distinto a su ideología, a la vez que su obvia envidia hacia el poder de influencia de los líderes religiosos entre los laicos, que se revelan como el mayor soporte de la fe, en tiempos de persecución.

La propuesta fue muy polémica en su estreno y, aparte de la citada prohibición en Yugoslavia, también se vetó su exhibición en los festivales de Cannes y Venecia.

El prisionero (fotograma)