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Título original: Le défroqué
Año: 1954
País: Francia
Duración: 107 min.
Género: Drama
Categoría: Sacerdotes
Calificación moral: +7
Director: Léo Joannon
Guión: Denys de La Patellière, Léo Joannon, Roland Laudenbach
Música: Jean-Jacques Grünenwald
Fotografía: Nikolai Toporkoff
Reparto: Pierre Fresnay, Pierre Trabaud, Nicole Stéphane, Marcelle Géniat, Jacques Fabbri, Abel Jacquin, Georges Lannes
El renegado
La acción comienza en un campo de refugiados durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras celebra una misa, el padre Mascle se desmaya y es trasladado a la enfermería. Su gravedad es tal, que solicita la extremaunción. Al no haber otro sacerdote allí, el padre Mascle pide la asistencia de un prisionero que colgó los hábitos, una circunstancia que desconocen el resto de los reclusos. Ante el asombro de todos, el ex-sacerdote resulta ser Maurice Morand, un hombre de mediana edad que constantemente se burla de las creencias de los refugiados católicos. No sin oposición, Morand accede a impartir el último sacramento al moribundo capellán. Su gesto despierta el interés de su joven amigo Gérard Lacassagne, que se siente llamado al sacerdocio.

Pierre Fresnay interpreta con aplomo a un atormentado enemigo de la Iglesia que, fuera de ella, no ha conseguido encontrar su camino. Unos años antes, Fresnay había hecho un papel memorable como San Vicente de Paul en Monsieur Vincent, otra de las numerosas películas religiosas de calidad que ha dado el cine francés.

El buen nivel del film, que cuenta con un denso guión, se vio recompensado con el Oso de Bronce en el Festival de Berlín y el Premio OCIC. También recibió dos nominaciones a los BAFTA.

Contenido cristiano
Uno de los aspectos más destacados de la película, es el valor que le da a los sacramentos a través de los sacerdotes e, incluso, mediante un dubitativo Morand. Hay dos ejemplos claros de este echo: el primero cuando el padre Mascle, un hombre bondadoso y honrado, le insiste una y otra vez a Morand para que le de la extremaunción, recordándole que un sacerdote lo es para siempre. En otro momento, Morand pone a prueba al joven seminarista Gérard Lacassagne en un turbio local de copas, al consagrar una cuba de vino que Gérard bebe para evitar un sacrilegio. Otro hecho reseñable, es que tanto Gérard como su rector en el seminario, no desfallecen en su ímpetu por salvar el alma de Morand, entendiendo que la salvación es una tarea comunitaria.

“Todos los caminos pasan por Emaús”. Morand hace esta afirmación refiriéndose a que todo hombre tiene su momento de dudas, de rebeldía ante Dios y de falta de fe, antes de reconocer el verdadero rostro de Cristo.

Cristo sí, Iglesia no. Esta realidad tan repetida en nuestra sociedad, se ve reflejada en el enfoque que propone la cinta, que evidencia la contradicción que supone el intentar llevar una auténtica vida cristiana, mientras se rechaza a la Iglesia que fue creada por el mismo Cristo para proclamar sus enseñanzas a través de los tiempos.

El renegado