La Pasión de Cristo
4 estrellasTítulo original: The Passion Of The Christ
Año: 2004
País: Estados Unidos
Duración: 126 min.
Género: Drama, Histórico
Categoría: Jesucristo
Calificación moral: +18
Director: Mel Gibson
Guión: Mel Gibson, Benedict Fitzgerald
Música: John Debney
Fotografía: Caleb Deschanel
Reparto: James Caviezel, Maia Morgenstern, Christo Jivkov, Francesco De Vito, Monica Bellucci, Mattia Sbragia
¿Obra maestra o película fallida? Lo que es indudable es que no deja indiferente a nadie. Rodada en latín y arameo, con una ambientación inspirada en las pinturas del artista italiano Caravaggio, relata la agonía de Jesús de Nazaret desde que acepta su destino en el huerto de Getsemaní, hasta su Crucifixión y posterior Resurrección. Está basada en los Evangelios y en las visiones de la religiosa agustina Ana Catalina Emmerich, recogidas en el libro La amarga Pasión de Cristo.

Mel Gibson se comprometió con esta producción hasta el punto de financiar gran parte de la misma, pese a que, una propuesta filmada íntegramente en versión original, no parecía tener demasiadas expectativas de éxito. Tampoco cuenta con nombres muy conocidos en el reparto, a excepción de Monica Bellucci, que encarna a María Magdalena; un personaje tan apreciado por el cine, como novelado, en ocasiones. Para el papel protagonista el elegido fue el católico Jim Caviezel, por entonces inmerso en una emergente carrera, que después no se ha confirmado. Caviezel realiza una encomiable labor, en una interpretación que requería un enorme esfuerzo físico y para la que no disponía de los largos discursos, tan valorados por los actores. Su trabajo le acarreó interminables horas de maquillaje y sufrió problemas de hipotermia, aparte de las heridas de dos accidentales azotes durante la flagelación.

Narrativamente resulta acertada la decisión de abarcar las últimas horas de Jesús, con varios flashbacks que muestran diferentes pasajes de su vida. Esto evita que el espectador tenga la sensación de ya visto, pues estamos ante el relato más repetido en la historia del séptimo arte y no es fácil sorprender. La aportación más sobresaliente del largometraje, no obstante, reside en María, representada por una actriz de la presencia de Maia Morgenstern, que estaba embarazada durante el rodaje. En anteriores adaptaciones, ha quedado impresa la sensibilidad católica o protestante de sus autores, precisamente en el traslado a la pantalla de la Virgen María, a la que se ha otorgado una mayor o menor importancia. Aquí se aborda desde una perspectiva católica, con una inusitada hondura, que ha sido aplaudida al unísono por todas las comunidades cristianas. Los momentos que comparte con su Hijo y el permanente contacto emocional entre ambos, elevan al conjunto a un nivel superior.

Pero no se puede hablar de La Pasión de Cristo, sin hacer alusión a la polémica a la que ha estado ligada, incluso antes de su estreno. Uno de sus aspectos que más se ha criticado, es la violencia con la que se desarrolla. Aunque éste es un ingrediente habitual en la filmografía de Gibson, la dimensión de un personaje como Jesucristo y lo explícito de secuencias como la flagelación, crearon una inusual división. Algunas opiniones respaldan el realismo de Gibson para escenificar los sucesos en toda su magnitud, de tal modo que nadie pueda quedar impasible ante el sacrificio salvífico del Maestro. Otras expresaban que hace excesivo hincapié en la tortura física, dejando de lado otros elementos de interés. Lo cierto es que, aun siendo innegable su fidelidad histórica, la obra se recrea demasiado en la crudeza de los hechos y esto provoca un desequilibrio expositivo.

Al margen de opiniones, lo que fue realmente sorprendente es la cantidad de voces críticas surgidas en los medios recalcando la dureza del film, dado el gran número de títulos violentos que se estrenan al año, algunos de ellos firmados por realizadores tan reconocidos por Scorsese o Tarantino. La polémica refleja bien a las claras, la trascendencia que tiene el mensaje de Cristo en nuestra época y la controversia que sigue suscitando. Lo que consiguieron los medios de comunicación fue darle publicidad gratuita a la película y contribuyeron, involuntariamente, a que superase los 600 millones de dólares; una cifra mucho mayor a los 30 que costó e insólita para una producción en lengua no inglesa, llevada a cabo al margen de los estudios de Hollywood.

Otra de las acusaciones más repetidas fue la de antisemitismo, ante la que Joaquín Navarro-Valls, director de la Oficina de Información de la Santa Sede objetó que: “la película es una trascripción cinematográfica de los Evangelios. Si fuera antisemita, lo serían también los Evangelios”. Además, recordó que Jesús y María eran judíos. A estas puntualizaciones, hay que sumar el dato de que otros largometrajes sobre el Nazareno también recibieron quejas de este tipo en su tiempo, siendo éste un escenario bastante habitual. Al hilo de esto, podría tacharse de anti-italiana por la crueldad de las torturas infligidas por romanos, pero a nadie se le ha pasado por la cabeza tal afirmación.

De lo que no hay duda, es que la cinta ha marcado un antes y un después, convirtiéndose en la indiscutible referencia para los cineastas que, en un futuro, aborden la historia más grande jamás contada.

La Pasión de Cristo (fotograma)