5 estrellas
10
La pasión de Juana de Arco
Título original: La Passion de Jeanne d’Arc
Año: 1928
País: Francia
Duración: 82 min.
Género: Drama, Biográfico
Categoría: Santos y beatos
Calificación moral: +13
Director: Carl Theodor Dreyer
Guión: Carl Theodor Dreyer, Joseph Delteil
Música: Jesper Kyd, Ole Schmidt
Fotografía: Rudolph Maté
Reparto: Maria Falconetti, Eugene Silvain, André Berley, Maurice Schutz, Antonin Artaud, Michel Simon

Francia, 1431. Juana es juzgada en Ruán por asegurar que su lucha contra el ejército inglés, invasor de su patria, ha estado inspirada por Dios. Acusada de herejía, si no se retracta de sus afirmaciones, será condenada a la hoguera.

De la mano de una productora francesa, Carl Theodor Dreyer llevó al celuloide el proceso y martirio de la Doncella de Orleans, basándose en las actas originales del juicio. La realización de la película se alargó un año, entre ensayos y rodaje, por la fijación del autor de acometer el relato con la máxima autenticidad. El resultado no pudo ser mejor, pues se trata de una de las grandes obras, no sólo de la época muda, sino de la historia del cine.

La cinta ha sido denominada como “sinfonía de primeros planos”, por su desarrollo mediante el empleo de un recurso que no gustó a los productores, ya que apenas se ven los costosos decorados. Sin embargo, esta característica expositiva nos permite contemplar, en el rostro de Juana, la angustia de una joven amenazada por la muerte. La santa tuvo los rasgos de la actriz teatral Maria Falconetti, quien apareció por tercera y última vez en la gran pantalla. La intérprete no necesitaría más que esta emblemática actuación, para pasar a los anales del séptimo arte.

Otros ilustres cineastas como Bresson, Rossellini o DeMille han abordado la atractiva figura de la heroína francesa, con más o menos acierto, pero sin aproximarse al nivel cinematográfico y espiritual ofrecido por Dreyer. Lo cierto es que el cineasta danés logró un largometraje único, vigorosamente rematado con una escenificación de la ejecución de Juana sencillamente excepcional; todo un prodigio de narrativa visual.

El estreno de la producción en Francia estuvo acompañado de polémica por las protestas de nacionalistas galos, contrariados por la elección de un extranjero para representar a la patrona del país. Además, el arzobispo de París exigió que se efectuaran modificaciones en la película y, poco después, un incendio destruyó el negativo original. Dreyer reaccionó reconstruyendo minuciosamente el film, a partir de las tomas descartadas de cada plano. Desafortunadamente, este nuevo montaje también se consumió en un incendio y, pese a la oposición del director, se distribuyó una versión en la que se habían introducido numerosos cambios. Tras el fallecimiento de Dreyer, un empleado de una institución mental de Oslo encontró en el centro, en 1981, lo que resultó ser una copia del primer negativo, recuperando así la obra primitiva.

La pasión de Juana de Arco (fotograma)

La pasión de Dreyer

Carl Theodor Dreyer nació de la relación entre el terrateniente sueco Jens Christian Torp y su sirvienta, Josephine Nilsson. Ésta sería repudiada al quedarse embarazada, como consecuencia de la diferencia de clases sociales, y se trasladó a la capital de Dinamarca para dar a luz. Allí dejaría al niño en un orfanato y, más tarde, moriría por las sustancias que había ingerido intentando abortar. La familia de adopción de Dreyer fue muy hostil con él y, por eso, se independizó en cuanto tuvo edad para ello. Ejerció diversas ocupaciones y comenzó a trabajar en el cine como guionista. Perfeccionista al máximo, con Ordet (La palabra) firmaría otro de los títulos clave de temática cristiana. Lástima que no pudiese materializar su anhelada Jesús de Nazaret, para la que buscó financiación en Hollywood.