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Título original: Nazarín
Año: 1959
País: México
Duración: 91 min.
Género: Drama
Categoría: Sacerdotes
Calificación moral: +13
Director: Luis Buñuel
Guión: Julio Alejandro, Luis Buñuel, Emilio Carballido
Música: Rodolfo Halffter
Fotografía: Gabriel Figueroa
Reparto: Francisco Rabal, Marga López, Rita Macedo, Ignacio López Tarso, Ofelia Guilmáin, Luis Aceves Castañeda
Nazarín
El padre Nazario comparte lo poco que tiene con aquellos que están a su alrededor. Cuando acoge en su hogar a una prostituta para protegerla, las habladurías que se ciernen sobre él y un incendio en su casa, le obligan a buscar otro sitio donde vivir.

Buñuel rodó en su exilio en México esta adaptación de la novela homónima de Benito Pérez Galdós. El realizador, declarado ateo, elaboró un film con una temática religiosa compleja e incluso contradictora, pero que contiene una serie de matices y reflexiones que hacen sugestivo su visionado. Paco Rabal está muy bien como sacerdote, mucho más convencido como clérigo que en El canto del gallo. La cinta recibió el Premio Internacional del Jurado en Cannes en 1959.

Las personas con las que se va cruzando el padre Nazario son toscas, incluso sus compañeros eclesiásticos, poco comprensivos con él. Su vagar por tierras mexicanas sin rumbo fijo recuerda a El fugitivo, de John Ford, con la importante diferencia de que el religioso de aquella era más gris, carecía de la luminosidad de Nazario, quien se esfuerza por seguir el camino correcto.

Contenido cristiano
El padre Nazario es fiel reflejo del Evangelio llevado a la práctica con humildad y sencillez. La caridad, el perdón o el amor al prójimo acompañan en su ingrato viaje a un personaje bien construido, sobre el que abundan las referencias cristológicas y que encarna aquellas palabras que el Señor dijo a los apóstoles durante la Última Cena: “… como no sois del mundo, pues yo os elegí y os saqué del mundo, por eso el mundo os odia” (Jn 15,19).
 
Las gentes que aparecen viven una fe supersticiosa debido a su analfabetismo. En el lado opuesto, el padre Nazario les intenta inculcar una base, explicándoles la doctrina cristiana y los sacramentos.

[El siguiente comentario revela partes importantes de la trama]
El final es, sin duda, lo más ambiguo de la película. Cansado de ser vilipendiado, el sacerdote siente que vale de muy poco hacer el bien, en medio de un mal que lo devora todo. El desconcierto que hay en su mirada mientras camina errante, es el reflejo del ateísmo del director, ajeno a las Bienaventuranzas. No debería entenderse sólo como una visión de lo infructuosa que puede ser la caridad cristiana, -como habitualmente se ha interpretado-, sino del hecho de hacer el bien a los demás, con independencia del credo del benefactor.

Nazarín