3 estrellas
6
Un Dios prohibido
Título original: Un Dios prohibido
Año: 2013
País: España
Duración: 133 min.
Género: Drama, Histórico
Categoría: Congregaciones, Santos y beatos, Estrenos de 2013
Calificación moral: +13
Director: Pablo Moreno
Guión: Juanjo Díaz Polo
Música: Sergio Cardoso
Fotografía: Rubén D. Ortega
Reparto: Jacobo Muñoz, Íñigo Etayo, Elena Furiase, Jerónimo Salas, Álex Larumbe, Luis Seguí

Corre el mes de julio de 1936 en España y la tensión que se respira en todo el país, acaba desembocando en un alzamiento militar. En la población oscense de Barbastro, un comité revolucionario toma el control de la localidad, amenazando la vida de los religiosos y seminaristas de una comunidad claretiana.

Pablo Moreno ha dado un salto cualitativo en su carrera con esta película, financiada por los Misioneros Claretianos en asociación con Contracorriente Producciones. Justamente a contracorriente y al margen de subvenciones públicas se ha llevado a cabo este título, precario en cuanto a recursos, pero no en resultados. Su déficit presupuestario se nota en algunas interpretaciones amateur y en una ambientación, que cuenta con el inconveniente añadido de tener que escenificar la España de los años 30. Sin embargo, esto no impide que emerja una historia con la suficiente fuerza para atrapar a cualquier espectador, que se acerque a ella sin prejuicios. Está articulada a partir de un gran guión escrito por Juanjo Díaz Polo, muy fiel a los sucesos históricos. Incluso tiene su base documental, la subtrama en la que una miliciana se enamora de un seminarista y eso que, en un principio, podría parecer insertada con calzador.

De entrada, la temática del largometraje invita a buscar referencias en la reciente Encontrarás dragones, también sobre la persecución religiosa durante la Guerra Civil española, pero en su concepción recuerda más a De dioses y hombres, aunque hay que señalar, en ambos casos, las importantes diferencias en medios. El relato se acerca sin resentimientos a unos hechos, involuntariamente protagonizados por unos jóvenes inmersos en su preparación diaria para hacer sus votos, cuyos miedos se entremezclan con un inmenso amor. El reparto es coral y no se detiene en la congregación, sino que presta atención a las discrepancias entre algunos milicianos ante lo que planean hacer, en un intento de aportar matices que eviten pintar el conjunto con blancos y negros.

Juan Pablo II beatificó a los 51 mártires de Barbastro, que murieron perdonando a sus verdugos, como inocentes damnificados de una confrontación política e ideológica. En este punto, el largometraje formula un interesante planteamiento, pues los ejecutores -que buscan la apostasía- rechazan a sus víctimas no por lo que son, sino por lo que representan. La cinta va creciendo a medida que avanza el metraje, al igual que sus actores, ofreciendo una singular contribución al panorama cinematográfico nacional.

Un Dios prohibido (fotograma)