Adiós mamá

La noche de Reyes me encontré con un regalo anticipado viendo Adiós mamá, una película de Klaus Härö que tenía pendiente. Mediante varios flashbacks, el film cuenta la historia de un chico finlandés de nueve años, llamado Eero, que pierde a su padre en la Segunda Guerra Mundial y su madre, para protegerle, le envía a Suecia.

Miles de niños finlandeses fueron evacuados a naciones neutrales durante la contienda mundial. La cinta se basa en una novela de Heikki Hietamies que recoge este hecho. Se articula a partir de una conversación en el presente entre Eero y su anciana progenitora, Kirsti, donde el primero rememora su complicada infancia. Las secuencias que comparten están fotografiadas en un blanco y negro que refleja, con elocuencia, los pesares arrastrados por el protagonista a lo largo de su vida.

Eero no empieza con buen pie en Suecia, porque su familia de acogida esperaba a una niña. Signe, una arisca mujer, le pide a su marido que lo devuelva. Su esposo, sin embargo, se resiste a materializar semejante despropósito y el pequeño acaba viviendo en un sitio donde reina la melancolía. A sus problemas con el idioma se suman las dificultades para integrarse en un país desconocido y la añoranza de una madre que, en su exilio, se enamora nuevamente y comienza a sentirse menos apegada a él.

Klaus Härö conduce muy bien este melodrama de estilo clásico, cuya agradable fotografía se recrea en los verdes parajes suecos aledaños a la residencia de Eero. Con mucha delicadeza, el cineasta nórdico indaga en el sentido de una maternidad más determinada por el binomio amor-egoísmo que por los lazos de sangre. El planteamiento tiene algunas similitudes con el de Koreeda en De tal padre, tal hijo, aunque se trate de largometrajes con argumentos distintos.

Maria Lundqvist

Los sentimientos del jovencísimo Eero van de la frustración, por las circunstancias, a la confusión, ante la falta de sólidas referencias adultas. Lejos de su madre biológica, que está dividida entre sus responsabilidades y sus anhelos personales, encuentra un faro en la transformación de Signe. Ella se convierte en una verdadera madre justo cuando abre su corazón y no limitándose a dar al crío una serie de normas, por beneficiosas que sean para su desarrollo. El chico, en realidad, está necesitado de afecto y de respuestas sobre penalidades que no entiende, frente a las que Signe alude al Libro de Job.

En la más reciente El artista anónimo, Härö también habla acerca de familias desestructuradas. En esta propuesta, ambientada en el mundo del arte, no hay una guerra que separe a los componentes de la unidad familiar, sino el egocentrismo de su protagonista. Esto último es lo que sufre Eero por parte de unas madres, por momentos, ausentes.

En Adiós mamá los personajes presentan múltiples aristas y su comportamiento responde, ni más ni menos, que a las complejidades humanas. En los adultos aflora el conflicto entre focalizarse en sus prioridades o abrirse al prójimo, en este caso, a un muchacho en tierra de nadie. No me sorprende lo bien hilvanado que está todo. Cuantas más películas veo de Härö más me gusta su cine. Me resulta cautivadora la sinceridad y la profundidad de sus historias.