La figura de Cristo ha sido representada multitud de veces en el cine. Tal vez la primigenia aproximación a su vida fue La Vie et la Passion de Jésus-Christ, de sólo once minutos de duración, producida a finales del siglo XIX por los hermanos Lumière. Desde entonces, centenares de actores le han interpretado, con mayor o menor acierto. En este artículo repaso algunas de las aportaciones más emblemáticas.

 

1. La cautivadora voz del actor de cine mudo

En 1912 se estrenó el primer largometraje acerca de Jesús, con el título Del pesebre a la cruz. Tuvo como protagonista al inglés Robert Henderson-Bland, elegido tras una conversación telefónica con el director, Sidney Olcott, a quien le entusiasmó cómo sonaba su voz. Resulta ciertamente curiosa la manera en la que Henderson-Bland consiguió el papel principal para esta película muda.

El Nazareno es trasladado por Olcott a la pantalla de forma muy solemne y no sin polémica, originada por parte de algunos sectores protestantes que rechazaban su representación.

Robert Henderson-Bland

 

2. El protegido de Cecil B. DeMille

La gran producción muda sobre Jesucristo llegó de la mano de Cecil B. DeMille, con Rey de reyes, en 1927. El escogido para ponerle rostro sería otro británico, H. B. Warner, un actor de cincuenta años, dieciocho más que Dorothy Cumming, la actriz que hizo de Virgen María. En su composición del personaje hay cercanía, dentro de una acentuada divinidad.

En el rodaje, DeMille le prohibió a Warner efectuar actividades que consideraba inadecuadas para su cometido, como jugar a las cartas. Además, el cineasta era el único del equipo que podía dirigirse a él cuando estaba caracterizado. El intérprete no atendió a las indicaciones -para mayor contrariedad del realizador-, manteniendo varios idilios durante la filmación, pero el aislamiento y la presión le hicieron recaer en sus problemas con la bebida. Pese a todo, posteriormente su carrera no fue nada mal, ya que logró adaptarse al sonido y a los trabajos menos relevantes que le ofrecían con su edad, encarnando a buenos secundarios, entre los que figura el boticario de ¡Qué bello es vivir!.

H. B. Warner

 

3. El verdugo de Herodes

En los inicios de la época sonora destaca Gólgota, una cinta francesa de Julien Duvivier, estrenada en 1935. La obra nos presenta a un Mesías de aspecto diferente en los singulares rasgos bizantinos del parisino Robert Le Vigan. El indiscutible talento del galo contrastaba con sus acciones fuera de la pantalla y, en particular, con su apoyo a los nazis en la ocupación de Francia. Después de la liberación del país le condenaron por colaboracionista y, años más tarde, se exilió, primero a España y luego a Argentina, donde a pesar de hacer algunas películas acabó muriendo en la pobreza.

En relación a su participación en Gólgota, el historiador francés Jean Tulard escribió que «Le Vigan no se recuperó de haber interpretado este papel»1. Paradójicamente, el actor sentenció de forma indirecta a uno de sus verdugos en la ficción, Harry Baur, un judío que dio vida a Herodes y que, tras ser arrestado por la Gestapo, falleció debido a las secuelas de su paso por prisión.

Robert Le Vigan

 

4. El Jesucristo más cool

A mediados del siglo XX proliferaron los títulos bíblicos en Hollywood, pero ninguno centrado en Cristo. Era necesario remontarse a la versión de Cecil B. DeMille antes de que se presentara la homónima en español Rey de Reyes, donde el Maestro, aun teniendo una mayor presencia, tampoco cuenta con un protagonismo absoluto, porque la trama también muestra la situación política de su época, siguiendo a unos sublevados judíos que luchan por poner fin a la invasión romana. El rigor del guión no era lo más destacado de esta producción, lanzada por la Metro-Goldwyn-Mayer intentando aprovechar el tirón de Ben-Hur, utilizando un cartel con un diseño pretendidamente similar.

El film, dirigido por Nicholas Ray, nos deparó a través de Jeffrey Hunter una juvenil imagen de Jesús. Aunque el estadounidense, de treinta y tres años durante la grabación, tenía una edad parecida a la de Henderson-Bland y Le Vigan, resulta bastante más cercano. Hunter venía de ser una estrella en los cincuenta, sin embargo, en los sesenta no le fue tan bien y falleció, a consecuencia de una hemorragia cerebral, con sólo cuarenta y dos años.

Jeffrey Hunter

 

5. De Bergman al Hollywood dorado

La historia más grande jamás contada llegó a las carteleras en 1965, cuando el cine bíblico y la edad de oro hollywoodiense estaban en un claro declive. La superproducción se ahogó en su propia pretenciosidad. George Stevens estuvo al mando de esta aburrida y larguísima aproximación al Evangelio, con Max von Sydow al frente del reparto. El intérprete sueco era un habitual de Bergman, con quien había colaborado en títulos como El séptimo sello o El manantial de la doncella.

Un motivo de peso para la elección del nórdico, cuyo nombre se barajó para Rey de Reyes, residía en que la mayor parte de los espectadores norteamericanos no lo conocían y, por ello, no lo asociarían al verlo en la pantalla. Su representación, no obstante, es excesivamente mística, de una frialdad en sintonía con la lejanía general de la propuesta, pero supuso para von Sydow el comienzo de su carrera al otro lado del Atlántico. De los incluidos en este artículo, es el que más éxito ha tenido después de escenificar al Nazareno, gracias a papeles como el del padre Merrin en El exorcista.

Max von Sydow

 

6. El marxista que cargó con la cruz

El trabajo de Stevens nada tiene que ver con El evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Pasolini. De hecho, la obra de este cineasta ateo y marxista no se parece a lo que se había realizado antes. Conforme a los cánones del neorrealismo italiano, Pasolini optó por un reparto de intérpretes no profesionales, liderado por Enrique Irazoqui.

El caso es que Irazoqui no albergaba la menor intención de intervenir en una película y menos de este tipo. Era un sindicalista clandestino barcelonés, estudiante de literatura, que se entrevistó con Pasolini en un viaje a Italia para recabar apoyos en su lucha contra el régimen franquista2. El director transalpino, al conocerlo, exclamó: «Ho trovato Gesù! Gesù è a casa mia!» («¡He encontrado a Jesús, Jesús está en mi casa!»)3. Pasolini le pidió, a cambio de venir a España, que actuase en el proyecto que estaba preparando. Aunque Irazoqui se negó en un principio, finalmente acabó aceptando.

Con sólo diecinueve años, el español se embarcó en una iniciática experiencia cinematográfica a la que, posteriormente, apenas dio continuidad. Los primeros días le resultaron duros: «No me salía la voz, y con todos aquellos focos no veía nada. Pero a partir del tercero ya fue todo normal»3. Su personaje es hierático y austero, más focalizado en la defensa de los derechos de los pobres que en la dimensión espiritual de Cristo.

El largometraje, dedicado al papa Juan XXIII, recibió un aplauso unánime en el Concilio Vaticano II. Esta aprobación no le sirvió de mucho a Irazoqui en su regreso a España, donde le retiraron el pasaporte bajo el pretexto de participar en un film de propaganda marxista2.

Enrique Irazoqui

 

7. La icónica imagen de Jesús en el cine

Franco Zeffirelli no tenía claro quién podía encabezar el espectacular reparto con el que contaba para Jesús de Nazaret. A la postre, la designación de Robert Powell sería una de las claves del impresionante éxito de la miniserie, más tarde lanzada en los cines con un metraje reducido, aunque todavía extenso.

Acerca de la elección, Zeffirelli explicó, en la revista Litterae Communionis, lo siguiente: «A Robert Powell le encontré rastreando los teatros ingleses… Lo elegí para Judas, pero sus ojos me impactaron, me turbaban. Entonces le hice una prueba para Jesús…»4. El diametral cambio de registro para Powell suscitó dudas, sin embargo, el realizador pidió «que le prepararan para una prueba con maquillaje y vestuario como el clásico Nazareno y el personaje salió solo… en él estallaba una luz, una inspiración que nos dejaba sin aliento»4.

El aspecto del británico igualmente ayudó mucho. Resultaba tan impactante para los miembros del equipo de rodaje que al verlo aparecer caracterizado moderaban su lenguaje. Su rostro es, sin duda, el de Cristo en el séptimo arte. Así era como afirmaban haberlo imaginado algunos de los miles de espectadores que escribieron a Powell, tras el estreno.

Pese a que el actor no era un hombre religioso, experimentó un sincero interés por la figura de Jesucristo. Por aquella época declaró: «… lo que dijo lo considero lo más profundo que se ha dicho sobre la humanidad»5. El largo periodo de filmación le exigió una gran implicación, incluyendo una dieta de doce días, antes de la grabación de las escenas de la crucifixión.

El Mesías de Zeffirelli y Powell no logró el justo equilibrio entre humanidad y misticismo. La balanza se inclinó claramente hacia su divinidad, tan cuestionada entonces y que, precisamente, la producción buscaba ensalzar, mostrando que no sólo se trataba de un revolucionario, sino también del Hijo de Dios.

Powell expresó sus dificultades para componer un retrato ecuánime: «Tenía que interpretar a alguien a quince centímetros del suelo. A alguien divino que pudiera comunicarse, al mismo tiempo, con agricultores y pescadores»5. Aun sin conseguir el adecuado contrapeso, su imagen era tan potente que después tuvo problemas para encontrar papeles, porque no era fácil verlo en otros personajes. No obstante, eso no significa necesariamente que su carrera hubiese sido mejor sin el trabajo que le ha inmortalizado. Aunque luego no regresó a la primera línea, siempre ha estado muy activo, participando principalmente en series y películas para la televisión.

Robert Powell

 

8. La pasión de Jim Caviezel

La trayectoria de Jim Caviezel estaba en alza cuando protagonizó La Pasión de Cristo. Visto con retrospectiva, Caviezel afirma que le perjudicó formar parte del polémico film de Mel Gibson, pero no se arrepiente. El propio director ya le advirtió de lo que le podía pasar. Al recibir la llamada de Gibson, Caviezel tenía justo treinta y tres años.

Si Powell será recordado por interpretar a Jesús, lo mismo puede decirse de Caviezel. El actor, católico practicante, se metió de lleno en un proyecto que requirió de él un excepcional esfuerzo físico. En el rodaje sufrió dos fortuitas heridas durante la flagelación, se dislocó un hombro, fue alcanzado por dos rayos y padeció hipotermia, neumonía y migrañas. Esto último se debió a su ojo hinchado para su caracterización, que también precisó de una prótesis nasal, mientras que sus ojos azules se cambiaron a marrones digitalmente. Además, se enfrentó a interminables sesiones de maquillaje y cuando las condiciones climatológicas no acompañaban se iba a acostar maquillado.

Su entrega, materializada en una sólida actuación, no obtuvo el suficiente reconocimiento, por la desmesurada controversia que se generó en torno a la cinta. Al menos, tendrá la ocasión de repetir en The Passion of the Christ: Resurrection, la secuela -cocinada a fuego lento- que posiblemente llegue en 2022. Ahí añadirá una nueva página a las representaciones cinematográficas de la historia más grande jamás contada.

Jim Caviezel


1. J. Tulard, Guide de Films FO. París: Robert Laffont, 2002.
2. J. López García, El Evangelio según San Mateo, y según Pasolini. ABC, 28-03-2013.
3. I. López, Enrique Irazoqui: «Cuando Pasolini me vio exclamó ‘¡He encontrado a Jesús!'». Vanity Fair, 03-04-2018.
4. A. Contri, «Perché ho accettato di girare la storia di Gesù». Revista Litterae Communionis, 04-04-1977.
5. F. Gumley, Actor says Jesus part «hardest I’ve ever done». Catholic Herald, 25-03-1977.