Candilejas

Candilejas no fue la última película de Charles Chaplin, pero bien podría considerarse su testamento cinematográfico. El artista conformó una emotiva y melancólica historia, con tintes autobiográficos, acerca de la fugacidad del éxito y el inevitable paso del tiempo. Estos argumentos quedan plasmados con el cambio generacional representado en el largometraje por el olvidado Calvero y la prometedora Thereza.

Calvero es un alcohólico y decadente cómico, que añora su exitoso pasado en los escenarios. Una noche, cuando regresa a casa, evita que una chica se quite la vida y la acoge en su hogar. Al intentar que Thereza -como se llama la joven- recupere la esperanza, Calvero volverá a sentirse útil y más ilusionado. Además, guiará la incipiente carrera de su huésped como bailarina, enseñándole todo lo que sabe sobre el mundo del espectáculo.

Aparte de dirigir, escribir y protagonizar esta obra, Chaplin compuso su preciosa partitura. Para el reparto contó con Buster Keaton, reencontrándose así con el que fue su gran rival, al menos, hasta que la trayectoria de Keaton cayera en picado por la llegada del cine sonoro y sus problemas de adaptación a la MGM.

Durante la presentación del film, Chaplin fue víctima de la caza de brujas orquestada en Estados Unidos y se le prohibió retornar al país, mientras estaba de promoción en el Reino Unido. Nunca más trabajaría en tierras estadounidenses, donde su cinta ni siquiera pudo verse en muchos lugares, antes de su nuevo lanzamiento veinte años más tarde. De hecho, Chaplin ganaría el Óscar a la mejor banda sonora en la edición celebrada en 1973, más de dos décadas después del estreno inicial.