Jorge Manuel Rodríguez Almenar

La Sábana Santa es la reliquia más fascinante del cristianismo. Aquellos que cuestionan su veracidad lo hacen con argumentos discutibles que, sin embargo, han calado en la opinión pública. Para arrojar luz sobre el tema, hemos hablado con Jorge Manuel Rodríguez Almenar, uno de los mayores expertos en la Síndone, profesor de Derecho en la Universidad de Valencia y presidente del Centro Español de Sindonología. En 2017, publicó una tesis doctoral titulada La Sábana Santa y sus implicaciones histórico-artísticas.

 
Aquellos que cuestionan la autenticidad de la Sábana Santa se apoyan en la prueba del carbono 14, sin embargo, los resultados de la misma han sido rebatidos.

Sí, efectivamente. La prueba del carbono 14 se hizo hace más de treinta años, en 1988. Y en este tiempo han pasado muchas cosas. Considerarlo como un estudio moderno es absurdo. Se ha intentado averiguar qué pudo fallar en el carbono 14 utilizando muchos procedimientos, pero hay dos que merece la pena destacar. Por un lado, el propio inventor del método moderno de datación con carbono 14, el profesor Harry Gove, reconoció, diez años después de la prueba, que no se había utilizado un método de limpieza adecuado.

Actualmente, las estadísticas definen que los aciertos del carbono 14 están en torno al 70 %, que está muy bien, pero hay un 30 % de errores. Y se dan, precisamente, por la contaminación. La contaminación de una muestra también tiene carbono 14, que se suma al de los hilos y puede falsear completamente el resultado. ¿Tenemos alguna posibilidad de saber si se hizo un buen proceso de limpiado? Sí, en el artículo de la revista Nature donde se publicó el resultado de la prueba del carbono 14, que poca gente se ha leído, dice que hay una distorsión enorme entre los distintos laboratorios, porque existe un factor que está alterando el resultado. De hecho, la coincidencia de los laboratorios está en el 4 %, de modo que el nivel de fiabilidad no llega al 5 %, que es el mínimo aceptable. Si no se hubiera dado el resultado como definitivo por el arzobispado de Turín, ahora mismo se diría que no se ha podido datar.

Por otra parte, en una publicación científica de la revista Thermochimica Acta, en 2005, uno de los científicos que estudió directamente la Sábana Santa en el año 78, Raymond Rogers, expuso que las fibras tomadas del centro de la tela son de lino. El lienzo es de lino puro, que es lo que compró José de Arimatea, según el Evangelio. Sin embargo, el fragmento que se cortó para hacer la prueba del carbono 14 contiene fibras de algodón teñidas para que parezcan de lino. Eso demuestra que, en esa zona, había una reparación con fibras que no son originales, lo que invalida totalmente la prueba del carbono 14. Y eso está publicado en una revista científica que pasa una serie de filtros.

 
¿Por qué cree que se la ha dado tanta repercusión a esta prueba y se han ignorado otras?

Muy sencillo. Por dos razones. En primer lugar, porque es la única prueba que contradice la autenticidad y a la que aquellos que están en contra se agarran como a un clavo ardiendo. Y, segundo, porque las posibilidades que arrojaba se ajustaban a la fecha en la que se supone que la Sábana apareció en Europa. Sería fácil pensar que se la inventaron en Francia, pero es falso, porque tenemos un montón de documentos que demuestran que la Sábana existía antes de llegar a Europa. Sin embargo, como coincide con el momento en que aparece en Europa pues ya está, dicen que se trata de una tela falsificada.

 
Un aspecto sorprendente de la Síndone es que se trata de un negativo fotográfico.

Eso hay que matizarlo. No es un negativo fotográfico, sino que la imagen funciona como si lo fuera. La imagen se entiende cuando se obtiene el negativo. Yo, que últimamente me estoy haciendo muy providencialista, considero que la fotografía tuvo que inventarse con ese paso intermedio de crear el negativo para que alguien se enterara de que existía la Síndone, porque hoy día ya no existe la necesidad de negativos. Si no fuera así, nadie se habría dado cuenta de que el negativo fotográfico revelaba la imagen auténtica de la Síndone. Visto con perspectiva histórica no es una casualidad. Considero que es una causalidad.

 
Los estudios de la procedencia del tejido también desmontan la teoría de la falsificación medieval. ¿Qué datos se conocen sobre el origen de la tela?

Se ha determinado que es una tela de lino, probablemente procedente de la India. Es muy curioso, porque ¿dónde había telas de lino procedente de la India? En Jerusalén, porque con el mismo tejido se hacía el traje del sumo sacerdote que intervenía la tarde del Yom Kipur. Este tipo de tejido es muy bueno y resulta absurdo que se utilizase para un crucificado, porque eran personas muy marginales o que habían cometido unos delitos políticos terribles, como el de rebelión. José de Arimatea sólo podía comprar una tela pura en el templo, lugar al que tenía acceso por ser uno de los príncipes del pueblo de Israel. Muy probablemente eso explica por qué hay una tela tan buena envolviendo un cadáver de un crucificado, que desde el punto de vista judío era un maldecido de Dios.

Aparte de ser una tela digna del sumo sacerdote, se utilizaron los ungüentos que cita Plinio el Viejo para el enterramiento de un rey. Lo cual demuestra que la Sábana no es una falsificación, porque hay un enterramiento y, además, con un procedimiento muy especial. Jesús se proclamó rey cuando entró en Jerusalén montado en un pollino, cumpliendo la profecía mesiánica de David.

 
Las heridas del cuerpo presentan detalles sobre la crucifixión y la flagelación desconocidos en la Edad Media. ¿Qué supuso ese descubrimiento?

El crucificado que aparece en la Sábana Santa sólo encaja con el caso de Jesús. Eso lo puede decir un forense. Las circunstancias del hombre de la Sábana no se dieron en ningún otro caso. Empezando porque está coronado de espinas y nunca se coronaba a nadie de espinas. Eso se le hace a Jesús, porque se ha proclamado rey. Y hay otra circunstancia que no se repetía jamás: ser flagelado y crucificado. Como profesor de Derecho puedo decirle que son penas diferentes. Cuando una persona era condenada a ser flagelada nunca se le crucificaba, porque los romanos tenían un principio, que se sigue aplicando, que es el de cosa juzgada. Al decir Pilatos lo flagelaré y lo soltaré esa era ya la sentencia, porque actuó como juez y no es una opinión.

La flagelación podía originar la muerte por la infección que se producía. Pero los sacerdotes, como dice el Evangelio, pidieron al pueblo que gritara: «¡crucifícale, crucifícale!». Esa era la forma de acabar con Cristo y los cristianos, porque nadie podía reivindicar que Jesús era el Mesías si había muerto maldecido de Dios, como dice el Deuteronomio. Ese hecho hizo que la presión política hacia Pilatos le obligara a realizar una irregularidad jurídica y eso los romanos, que son los padres del Derecho, no lo hacían jamás. No se conoce ningún otro caso de un juez que se salte las normas de esa manera.

No existió otra persona flagelada, crucificada, coronada de espinas y, además, enterrada con una tela buenísima. Sólo se corresponde al caso de Jesús. Y si no es Jesús, no tiene sentido. Entonces, todo lo que dice la Sábana, desde el punto de vista de las heridas, da un nombre: Jesús de Nazaret. Como alternativa, la única posibilidad es que alguien hubiera asesinado a otra persona, conociendo los datos que se ignoraban en la Edad Media y prácticamente hasta la actualidad, sin cometer ningún error. Hemos visto multitud de crucificados y ninguno se parece a cómo fue la crucifixión de Jesús. Qué casualidad que un señor en la Edad Media, en la época del románico, dominara un procedimiento que sólo se daba en el tiempo de Jesús. Es imposible.

 
En la Sábana Santa no se han encontrado pinturas o pigmentos. ¿Cómo pudo formarse la imagen?

No se sabe. Eso es lo interesante. La Sábana se estudió exhaustivamente, entre los años 78 y 81, por un equipo llamado STURP. Lo formaban treinta y tres personas, de los cuales, nueve procedían de Los Álamos de Estados Unidos, el laboratorio donde se inventó la bomba atómica. Estaban muy especializados y los resultados de su investigación se publicaron en veintisiete revistas científicas. La conclusión a la que llegaron es que la imagen no puede existir, porque tiene una serie de características que no se pueden reproducir ni de forma natural ni de forma artificial. Esto es muy importante, porque el método científico exige que si yo afirmo que algo se ha hecho de una determinada manera, tengo que ser capaz de reproducirlo. Por tanto, quien dice que puede ser una pintura miente y, además, no utiliza el método científico. Lo suyo no deja de ser sólo una teoría. Que no nos engañen, no es cuestión de opiniones. Hay veintisiete publicaciones en revistas científicas que deberían rebatir.

En el año 2012 reuní en un congreso internacional, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, a algunos de los científicos vivos de aquel equipo. Les pregunté si se podía seguir manteniendo lo que dijeron en el año 81 y la respuesta fue sí. Si se hiciera un nuevo estudio de la Síndone probablemente obtendríamos fotografías con mucho más detalle, pero lo descartado en su momento continuaría siéndolo. No es pintura, no es pigmento, no es una imagen hecha por contacto o a vapores amoniacales. Todo eso está descartado. Existía la suficiente tecnología para descartar.

Técnicamente, ¿qué es lo que forma la imagen? Según uno de los científicos, la degradación de la celulosa del lino en las fibras más superficiales de algunos hilos. No hay ningún procedimiento pictórico que permita hacer eso. Por tanto, es una certeza científica que no es una pintura. Es un misterio. Hay gente que se pregunta si se podría haber producido en el momento de la Resurrección. Puede ser, pero como no podemos resucitar un cadáver, tampoco es posible conocer si eso ocurrió. Y el método científico exige repetir el fenómeno.

 
¿Qué estudios quedan por realizar?

Muchos. Primero habría que volver a revisar todo lo que se sabe, porque hay que comprobarlo con las nuevas tecnologías. Probablemente se verían muchos más detalles. Por otra parte, no se ha hecho un estudio de la sangre, porque no se han tomado muestras oficiales. Extraoficialmente se han cogido, pero no sirven de nada, al no seguir los protocolos científicos. Y, sobre todo, existe un estudio valiosísimo sobre el Sudario de Oviedo, al que no se le da ninguna importancia, porque lo hemos hecho los españoles. Se ha ido realizando, de forma discreta, durante treinta años. Demuestra que si en el rostro en tres dimensiones del hombre de la Sábana Santa, realizado por Miñarro, colocamos el pañuelo de Oviedo podemos determinar que todas las heridas de la cabeza coinciden, en los mismos sitios, en la Sábana y el Sudario. Es imposible encontrar a dos personas que han muerto con las mismas heridas en los mismos sitios. Sólo puede ser la misma persona.

El sudario está en Oviedo desde el siglo VIII o IX, pero en España desde el siglo VII. Por tanto, adiós al carbono 14. ¿Puede haber un muerto del siglo XIV que fuera la misma persona que la del siglo VII? Imposible. Pero a eso no se le está dando importancia en Oviedo.

 
¿Existen indicios de peso que vinculen al Mantel de la Catedral de Coria con la Última Cena?

Ninguno. Nosotros fuimos allí con una experta textil y nos dijo que esa tela no es anterior al año 1.000. Punto. No hay nada que pueda vincular la Sábana al Mantel de Coria. Nada. Por eso nosotros nos salimos de esa investigación, porque además no nos lleva a ningún sitio. Lo siento mucho, porque en Coria están muy ilusionados con el tema, pero es que no se puede mentir.

 
Volviendo a la Sábana Santa, ¿qué es lo que más le sorprende de la reliquia?

Me sorprenden muchas cosas. Uno, que haya llegado a nosotros. Eso demuestra que se ha cuidado con esmero durante siglos. Dos, que tenga una imagen que no se pueda reproducir. Es sorprendente. Tres, que la imagen tenga unas características que asombren a la ciencia. Es sorprendente que, con la avanzada tecnología actual, no se pueda repetir. Cuatro, que nos muestre claramente un tipo de crucificado que es solo aplicable a Jesús de Nazaret. Cinco, que la identidad con el Sudario de Oviedo descarta que sean dos personas. Eso es impactante.

 
¿Qué supone para una persona del siglo XXI la existencia de la Síndone?

Eso ya es una cuestión de carácter subjetivo. A muchas personas les puede reforzar su fe. Desde el punto de vista científico lo que se debe hacer es estudiar. No puede ser que un enigma así a nadie le importe, cuando tiene toda la pinta de ser Jesús de Nazaret. Desde el punto de vista del creyente, llama la atención que podamos tener una foto, porque prácticamente es como si fuera una foto del cadáver. Es coherente pensar que Dios, que tiene muy claro que tenemos derechos y obligaciones, quiera que se le honre. Y, por eso, haya querido que nos llegue una imagen de su Hijo, en el momento de nuestra redención.

Mi tesis doctoral trata sobre la influencia de la Sábana Santa en la historia del arte. En ella expongo que el rostro de Jesús se ha conocido y copiado, por lo menos, desde el siglo V o VI. Ése es el origen de la imagen que tenemos de Jesús. Pero, además, cuando tenemos el negativo fotográfico vemos no solamente una imagen que puede ser más o menos bonita y satisface nuestra curiosidad, sino que es una imagen que tiene mensaje, porque en ella ha quedado grabado el amor de Dios.