Pablo Alzola Cerero

Hace poco comencé a leer uno de esos libros que te enganchan y no puedes dejar hasta que terminan. Se trata de El cine de Terrence Malick. La esperanza de llegar a casa, un apasionante acercamiento a la filmografía del cineasta norteamericano, que toma como punto de partida el hogar. Su autor es Pablo Alzola, graduado en Filosofía y Comunicación por la Universidad de Navarra, posgraduado en Estudios Narrativos de Artes Visuales por la Universidad Rey Juan Carlos y doctor en Humanidades por esa misma universidad, donde da clases de Estética y Teoría de las Artes. En esta entrevista, Pablo nos habla sobre su libro y acerca de un director tan fascinante como, en muchos casos, incomprendido.

 
¿Qué te motivó a escribir un libro dedicado a Terrence Malick?

Es un cineasta que me ha llamado la atención desde mis años de Universidad. Cuando veo una película de Malick siempre hay alguna escena que despierta en mí algo luminoso, que relaciono con la alegría y la esperanza. Por otra parte, cuando se estrenó El árbol de la vida en 2011 me animé a escribir sobre ella desde un punto de vista más o menos filosófico (por entonces yo estudiaba los grados de Filosofía y de Comunicación Audiovisual). Esta forma de escribir sobre el cine de Malick me gustó y, con el tiempo, ha resultado en una tesis doctoral, y más tarde en este libro. Podría decirse que el libro es solo la punta de un iceberg mucho mayor.

 
Tuviste la oportunidad de conocer al enigmático cineasta en una proyección de su última película en el Vaticano. ¿Qué te llamó la atención de él?

Así es, conocí a Terrence Malick en el Vaticano, en diciembre de 2019. Si me hubieran dicho que esto iba a ocurrir, no me lo hubiera creído. La Filmoteca Vaticana había organizado una proyección de Vida oculta, y gracias a la generosidad de un profesor italiano, Armando Fumagalli, me incluyeron en la lista de asistentes. Lo mejor de todo es que me presenté allí media hora antes, acompañado por un amigo, y nos encontramos con Malick casi en solitario. Esto nos permitió hablar unos pocos minutos con él, antes de que llegaran los demás invitados. Malick me pareció un hombre muy discreto y sencillo, que mostraba un interés real cuando hablabas con él. Tenía una mirada serena. Mi amigo Andrés fue quien se lanzó a iniciar la conversación, y hablamos con él sobre nuestras experiencias al ver El árbol de la vida, y sobre Stanley Cavell, un filósofo muy vinculado a la trayectoria de Malick.

 
En el libro explicas que, en Vida oculta, la fe de Franz Jägerstätter le une a su mujer Fani. Su objeción de conciencia al nacismo, ¿es también fruto de su coherencia hacia su vínculo matrimonial?

Diría que sí: la objeción de conciencia de Franz es inseparable de la fidelidad a su mujer. Esto lo entendemos al ver qué clase de conflicto atraviesa el protagonista; no es un conflicto ético, sino principalmente religioso. La película nos dice, desde el comienzo, que para Franz la conciencia no es solo la fuente de las decisiones éticas, sino la morada de Dios. Él ha hecho una alianza con Dios, que va inseparablemente unida a la alianza con su mujer. Su casa es un verdadero hogar porque han acogido a Dios en sus vidas. Por eso no es casualidad que, en la escena del último encuentro con su mujer en la cárcel, en la que él decide permanecer en su decisión, se vea de pronto la imagen del lecho conyugal. Esta breve imagen parece decirnos que, para Franz, la fidelidad a Dios y a su mujer son la misma cosa.

 
¿Qué significado metafórico tienen las montañas para los protagonistas de Vida oculta?

La referencia explícita a las montañas aparece tres veces en la película, mediante la voz en off: al comienzo, Franz habla de su vida en las montañas como algo idílico; más tarde, Fani le dice a Franz (cuando este recibe la orden de reclutamiento) que huya a las montañas; al final, cuando Franz ya ha sido ejecutado, Fani le dice que se encontrarán en las montañas. Así, la película nos invita a descubrir el verdadero significado de las montañas: estas no son el escenario de una vida idílica, ni el refugio para escapar del peligro; son, más bien, el lugar del encuentro. En Vida oculta las montañas son una imagen de la esperanza en un encuentro definitivo, en un hogar espiritual que ya no pueda verse amenazado.

 
A Malick se le ha vinculado con el pensamiento panteísta por sus primeras películas. Sin embargo, en cintas como Días del cielo las referencias bíblicas en sus historias son claras. En realidad, ¿cuánto hay de panteísmo en su cine?

Es cierto, muchas veces se ha relacionado a Malick con la espiritualidad panteísta de pensadores estadounidenses como Emerson o Thoreau. Algo hay de esto, me parece; sobre todo en La delgada línea roja y El nuevo mundo, en las que sobresale una mirada particular hacia la naturaleza acompañada por reflexiones (de las voces en off) muy parecidas a las que encontramos en Superalma de Emerson o en Walden de Thoreau. «Tal vez todos los hombres tengan una gran alma de la que todos forman parte», escuchamos en La delgada línea roja. Por otra parte, las referencias bíblicas del cine de Malick tienen que ver con las historias o los personajes, sobre todo en sus primeras películas: la tierra prometida y la plaga en Días del cielo, o el soldado que da la vida para salvar a sus compañeros en La delgada línea roja, por ejemplo. En el primer cine de Malick, la mirada es panteísta, pero la narración es bíblica.

 
En tu libro hablas del cambio decisivo que supuso El árbol de la vida en su obra, al aludir a un Dios bíblico. ¿Existe también una transformación en su visión de la naturaleza o, en esencia, está en sintonía con anteriores filmes?

Voy a matizar mi respuesta anterior: con El árbol de la vida descubrimos que la mirada del cine de Malick hacia la naturaleza es panteísta solo en apariencia. En realidad, se trata de una mirada que contempla la naturaleza como algo que nos revela la presencia de un Dios creador. La naturaleza adquiere un valor «sacramental»; esto lo ha subrayado muchas veces Alberto Fijo, experto en Malick. Por tanto, pienso que sí hay una continuidad entre las películas anteriores a El árbol de la vida y las posteriores. Lo que queda solamente sugerido en las primeras es expresado de forma más explícita por las últimas. Pero, en cierto modo, todo está ahí desde el principio, desde Malas tierras: la contemplación de la naturaleza, las voces en off reflexivas o los personajes que buscan un sentido más allá de este mundo.

El cine de Terrence Malick. La esperanza de llegar a casa

 
¿En qué etapas dividirías la filmografía de Malick?

Dividiría la filmografía de Malick en grupos de dos o tres películas, siguiendo su unidad temática y de estilo: en primer lugar irían Malas tierras y Días del cielo (las dos comparten muchas cosas: la narración más bien clásica, el viaje hacia un lugar mejor o el inmenso paisaje americano); en segundo lugar, La delgada línea roja y El nuevo mundo (el modo de mirar la naturaleza es muy similar en las dos); en tercer lugar pondría El árbol de la vida y To the Wonder (por los referentes bíblicos o el papel que la gracia de Dios desempeña en ellas) y, en cuarto lugar, Knight of Cups y Song to Song (dos descensos a los infiernos con un final luminoso). Vida oculta reúne muchos rasgos del cine de Malick, pero es una película a parte: podría decirse que da una respuesta llena de esperanza a muchos de los interrogantes planteados desde El árbol de la vida.

 
La narración fragmentada de cintas como To the Wonder o Song to Song ha generado división incluso entre los seguidores de Malick. ¿Consideras que se trata de largometrajes de menor nivel?

En pocas palabras, no creo que estas películas tengan menos nivel que las anteriores; simplemente son mucho más arriesgadas en términos narrativos o de estilo. Sin embargo, esta apuesta no es casual: con estas películas, Malick trata de sumergirnos en la desorientación existencial que viven sus protagonistas. Quiere que los espectadores nos metamos en su piel por un tiempo, que sintamos lo que supone ir por el mundo sin una identidad, «sin un yo», como explicaba el propio Malick en una entrevista de 2017. Lo normal es que, al terminar de verlas, nos sintamos raros, incómodos, e incluso hastiados: me parece que todo esto es parte del efecto que persiguen las películas.

 
¿Cuál es su película que más te ha impactado?

Recuerdo la primera vez que vi To the Wonder. Estaba solo en casa, y cuando terminó la película tuve la sensación de estar desbordado, de que me había dicho muchísimas cosas. También me quedé muy impactado cuando vi por primera vez Vida oculta, en la Filmoteca Vaticana. Yo soy cristiano, y creo que esta película te lleva a una pregunta ineludible: «¿Qué hubiera hecho yo en la situación de Franz?». Yo no sé qué hubiera hecho. Además, me emocionaron mucho las palabras finales de Fani, y las he tenido mucho tiempo en mi cabeza: «Franz, te encontraré allí, en las montañas».

 
No se sabe demasiado de su próxima producción, The Way of the Wind, pero parece que aborda directamente la figura de Cristo. Era un paso lógico en su carrera. ¿Qué esperas de esta película?

No sé mucho sobre The Way of the Wind, solo lo que se ha ido publicando en distintas páginas web (y en la página de Facebook «One Big Soul: The Terrence Malick Community», que recomiendo a todos los aficionados de Malick). Cuando estuve con el cineasta en la Filmoteca Vaticana, nos contó que acababa de terminar el rodaje de esta película (gran parte había sido en Matera, Italia) y que se volvía a Texas para comenzar a montarla. Efectivamente, es un paso lógico en su filmografía, ya que en ella la figura de Cristo siempre ha estado presente, de un modo u otro. Es conocido que Malick escribió una carta a Martin Scorsese, después de que este estrenara Silencio, en la que le preguntaba: «¿Qué quiere Cristo de nosotros?». Parece que Malick ha visto el momento de hablar sobre Cristo abiertamente.

 
¿Tienes algún otro libro en proyecto?

Enseño la asignatura de Estética en primero de Filosofía en la Universidad Rey Juan Carlos, y me gustaría adecentar los apuntes que he ido elaborando para, quizá, convertirlos en un librito. Por otro lado, llevo un tiempo pensando en un posible libro sobre la presencia silenciosa de Dios en el cine contemporáneo (títulos como Ida, Calvary, El hijo de Saúl o El reverendo, entre otros); me haría mucha ilusión escribirlo.

 
Y ahora brevemente…

Una película: El festín de Babette.

Un libro: Gilead de Marilynne Robinson.

Una canción: The Lass of Aughrim (que conocí por la película Dublineses de John Huston).

Un lugar: los blancos acantilados de Dover.

Un personaje histórico: John Henry Newman.