Atardecer

“No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!” (Mateo 10, 24-25)

 

Amarte sobre todas las cosas

Cada día naces en mí y arrebatas un poco de ese yo que quiere morir.

Una vida dedicada a morir para mí y nacer para ti.

Un camino elegido, tras tus pasos para aprender de ti.

Para aprender conociéndote y, para, conociéndote, amarte.

Llegar a amarte sobre todas las cosas como meta de vida,

¿Qué más se puede pedir?

Dejar de amar quién yo era, quien soy y dedicar mi tiempo, lleno de esperanza a transitar esta vida hasta que un día, mirando hacia dentro, hacia mi corazón, solamente te encuentre a ti.

 
“Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que Yahveh es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y los mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que Yahveh tu Dios te da para siempre.” (Dt 4, 39-40)


 
“Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.” (2 Co 12, 8-10)

 

Heridas

Entre tus manos y sanada por ti.

Quedan muchas, muchas heridas por cerrar y es probable que otras muchas se abran, que yo misma abra.

Pero la alegría que se manifiesta en paz de las ya cicatrizadas, me da fuerza para caminar y una esperanza inquebrantable en que no dejarás ninguna abierta.

Tú, mi sanador y tú amor, mi bálsamo.

Heridas que provocaban amargura y desolación.

Heridas de caminar por la vida, heridas que el mundo no cura y que se abren con el consuelo que el mundo ofrece.

Tu amor, como bálsamo suave, despacio, muy despacio, derramado en mí, cierra cada día un poco de esas heridas y me siento tan bien en tus manos, sanada por ti.

 
“Hará Yahveh Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados; consumirá en este monte el velo que cubre a todos los pueblos y la cobertura que cubre a todas los gentes; consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh ha hablado.” (Is 25, 6-8)