Detalle de la Sagrada Familia de Barcelona

“Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás».” (Jn 1, 45-46)

 

Como Natanel

Hubo un momento preciso en mi vida que comencé a buscarte de verdad.

No sé por qué pero desde que concibo mi existencia, sentí que el mundo no podía terminarse en la terquedad física de lo que me rodeaba.

Dentro de mí había sonidos que me empujaban a preguntar y por eso salí a buscarte.

Lo hice de forma torpe, muy torpe, pero siempre honesta.

No dejé ni un momento de saber que esa búsqueda daría fruto y, aunque me desesperé, te abandoné por momentos, me equivoqué, grité… siempre supe que esa búsqueda me acompañaría como parte de mi existencia.

Ahora, te escucho decir que desde el momento que comencé a buscarte, tú me estabas mirando y me pregunto si habría sido igual si, entonces, lo hubiera sabido.

No lo sé: si sé que un día mi mirada se cruzó con la tuya y no tuve duda. Como Natanael, supe que te había encontrado.

Quizás, te reconocí porque tu mirada era la continuación de aquel susurro que desde el comienzo me impulsaba a buscarte.

No sé, Señor, cómo se te encuentra pero sé que ocurre y te doy gracias por fijar tus ojos en mí y animarme a la única búsqueda por la que merece la pena vivir.

 
“Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar. Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor. Confortadme con pasteles de pasas, con manzanas reanimadme, que enferma estoy de amor. Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.” (Ct 2, 3-6)