Reloj despertador

“Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces». Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.” (Lc 22, 60-62)

 

Cuando…

Cuando el amargor suba a tu boca por una nueva caída,
cuando sientas que no puedes sostener tu promesa,
cuando el avance de ayer es el retroceso de hoy,
cuando te repugne tu ingratitud por recibir tanto y responder con tan poco,
cuando mires a los demás y pienses que todos han podido más que tú,
cuando te equivoque la fatiga de tu debilidad,
cuando sientas el fracaso de tu infidelidad.

Levanta los ojos y mírale.
Mira su mirada y su perdón
Mira su espera paciente.
Mira sus manos recogiéndote para iniciar de nuevo el camino.
Fija tus ojos en Él y sigue caminando.

 
“A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión; en los álamos de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras. Allí nos pidieron nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: «¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!» ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahveh en una tierra extraña?” (Sl 137, 1-4)


 
“Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».” (Lc 10, 23-24)

 

Tus palabras llegan

Tus palabras llegan y su haz de luz recorre lentamente los espacios de mi alma.

Ellas, tus palabras, impulsadas por Ti y convertidas en fuentes de luz, se descubren poco a poco y penetran mis sentidos.

Así, se transforman, de palabras escritas, en palabras oídas, palabras amadas, promesas anheladas, respuestas a la falta de esperanza.

Ellas solas crean vida porque nacen en tu mano y, con ellas, nos hacemos parte de Ti.

Ellas, escritas sobre papel, vienen de Ti y conservan la vida que Tú les imprimiste.

¡Tinta convertida en vida cuando las leemos!

 
“Y me dijo: «Daniel, hombre de las predilecciones, comprende las palabras que voy a decirte, e incorpórate, porque yo he sido enviado ahora donde ti». Al decirme estas palabras me incorporé temblando. Luego me dijo: «No temas, Daniel, porque desde el primer día en que tú intentaste de corazón comprender y te humillaste delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y precisamente debido a tus palabras he venido yo».” (Dn 10, 11-12)